Bodeguero de Ribera del Duero, en España

En la recienete edición colombiana de Expovinos 2010, a principios de julio , el español Carmelo Rodero se alzó con la medalla de oro en la categoría correspondiente a los vinos tintos excepcionales, o sea, la presea más codiciada de la competencia. Lo hizo con un Carmelo Rodero TSM 2005, correspondiente a una sus cosechas antológicas.

Lo de “antológicas”, sin embargo, no viene solamente por el lado de las condiciones climáticas, sino como resultado de una conjunción de factores que han hecho del trabajo de Rodero un hito en la elaboración de vinos dentro de la mítica región española de Ribera del Duero.

En cierto sentido, Rodero está acostumbrado a los aplausos y a los trofeos. No porque le gusten por sí mismos, sino porque los considera una justa retribución a una vida dedicada a la viña, en condiciones que otras grandes figuras de la enología mundial encontrarían incomprensibles. Para empezar, Rodero nunca fue a la escuela; ni a la universidad; ni a un centro de posgrados. Lo suyo es intuición pura, como continuador de una tradición vitícola que se remonta a cinco generaciones de Roderos viticultores. Y si bien es cierto que sus tatarabuelos, bisabuelos, padre y tíos estuvieron involucrados, de una forma u otra en la producción de uva y elaboración de vinos, él fue el único que se arriesgó a tener bodega propia y a bautizarla con su propio nombre. De esto hace 22 años.

Claro que se apoyó en la tarea realizada por su padre, quien fue proveedor de uvas de la célebre casa española Vega Sicilia. Para entender un poco lo que forjó la vida de este viñatero ibérico, cuyo vino Carmelo Rodero Reserva es una de las etiquetas favoritas del rey Juan Carlos de España, nos meteremos en algunos capítulos relevantes de su vida.

Rodero, el viticultor

Pertenece a la quinta generación de viñateros de Pedrosa del Duero, situada en el epicentro de la que es hoy, sin duda, una de las zonas más cotizadas de la vitivinicultura española y del mundo. Algunas de las marcas más costosas de la península, como Vega Sicilia y Pingus, provienen de dicha región. Su padre fue un líder lugareño y quiso darle a su hijo una educación formal, que él rehusó. “Lo que a mí me gustaba era la tierra”, dice. “Le dije a mi padre que si insistía en enviarme a la escuela, me iría de casa”. Hoy, confiesa, su vida es producto de la escuela de la vida. “El viñedo es un libro abierto en el que uno nunca deja de aprender”. Testarudo como las piedras que yacen debajo de sus 110 hectáreas de viñedos, Rodero tampoco quiso herencia temprana. Desde la pubertad, buscó la independencia. Antes de cumplir 20 años, por ejemplo, había acumulado su propio capital, recogiendo paja y vendiéndosela a los ganaderos de la zona. Con el producido, plantó sus propias viñas. Al morir su padre tomó el control de las viejas plantaciones familiares, convirtiéndose en uno de los pocos cultivadores de Ribera del Duero con viñedos de más de 80 años. Los frutos de esos campos los destina a sus grandes etiquetas.

Rodero, el bodeguero

Sin haber estudiado tampoco enología, Rodero aprendió a dominar el arte de la elaboración e, incluso, llegó a desarrollar su propio sistema de vinificación por gravedad, que patentó. “Desde niño, comencé a mirar cómo se hacía el vino, y la verdad es que la mejor lección se la aprendí a mi abuelo, quien me decía: “Carmelo, para ser bueno en esto, hay que dejarse guiar por el sentido común”. Hoy Rodero cuenta con el apoyo de sus dos hijas: María, la comercial y empresaria, y Beatriz, la enóloga, graduada en Burdeos, considerada hoy una de las promesas del futuro enológico español.

Rodero, el empresario

Su apuesta, más que hacerse millonario, se encamina a elaborar vinos de gran valor, percibido tanto en su calidad como en su respeto al medio ambiente. Rodero no emplea herbicidas ni nutrientes artificiales. Su abono favorito es el costoso estiércol de cabra. Su estrategia de precio, por otro lado, consiste en vender vinos para distintas ocasiones de consumo y distintos compradores. En términos de concentración y calidad, utiliza menos kilos de uva para aumentar la concentración y calidad de sus vinos. Los jóvenes pueden comprarlos personas entre los 20 y los 25 años; sus líneas crianza, reserva y gran reserva están pensadas para grandes aficionados. Uno de sus clientes más asiduos es el rey Juan Carlos, a quien envía semanalmente una provisión de su Carmelo Rodero Reserva.