1.    No agite la botella momentos previos a servirla. Los movimientos bruscos –resultado del transporte o manipulación en la cava– alteran la estabilidad de las moléculas que conforman la bebida. El reposo previo al descorche es clave para no destruir el necesario equilibrio.

2.    No sirva el vino a cualquier temperatura. Los distintos tipos de vino deben tomarse dentro de rangos específicos para poder disfrutarlos mejor mejor. Espumantes:  entre 6 y 8 grados centígrados); blancos y rosados: entre 8 y 12 grados centígrados; tintos jóvenes: entre 14 y 16 grados centígrados; tintos con cuerpo: entre 18 y 20 grados centígrados.

3.    No beba el vino sin haberlo paseado por el paladar para apreciar su riqueza aromática y gustativa, lo mismo que su densidad, textura y permanencia después de pasarlo.

4. No tome vinos dulces ni licorosos con mariscos ni carnes. Las sensaciones en boca no serán agradables.

5.  No tome vinos tintos con frutos de mar y pescados. Los productos de origen salado no son buenos acompañantes de los taninos, es decir, de los compuestos que constituyen la columna vertebral de los vinos tintos.

6. No tome vino blanco con carnes rojas a la brasa. La única excepción es el Carpaccio, que, al cocerse en limón, hace muy buena pareja con el Sauvignon Blanc.

7. No guarde los vinos en sitios calientes o expuestos a la luz. Los someterá a oxidaciones prematuras.

8. No mantenga sus vinos de guarda en posición vertical. Debe acostarlos para humectar el corcho y mejorar el sellado de la botella. Así impedirá el ingreso de aire. Recuerde: vinos más aire, vinagre.

9. No llene la copa por encima del tercio de su capacidad. El campo libre debe utilizarse para agitar el vino y ayudarle a liberar su expresión aromática.

10. No acepte una botella de vino en el restaurante, el supermercado o la tienda especializada si presenta defectos en la cápsula o el corcho, o muestra etiquetas rasgadas o manchadas.