Reverenciado por los conocedores, ahora el Riesling aumenta su radio de acción a consumidores menos ilustrados.

Rieslingfeier es una festividad anual realizada en Nueva York para poner sobre la mesa la mayor cantidad de versiones de Riesling ante distintas audiencias y escenarios en la Gran Manzana. Grupos de devotos pagan costosos boletos para ingresar a degustaciones comparativas, catas a ciegas y cenas exclusivas. 

Tanto o más sorprendente, sommeliers altamente calificados ofrecen su trabajo de manera gratuita a cambio de poder probar estilos (desde los más secos hasta los más dulces), provenientes de diversas regiones y elaborados por históricas casas productoras. Si les tocara hacer este ejercicio de su bolsillo –en países de origen como Alemania, Austria y el norte de Francia– no tendrían cómo pagarlo.

El por qué de esta fiebre radica en que la emblemática cepa alemana, que está presente en campos y laderas germanas desde la colonización romana, abarca un espectro sensorial que ninguna otra variedad puede igualar.

Durante mucho tiempo he recogido argumentos en pro y en contra, y debo admitir que el resumen más completo se lo oí a Ernst Loosen, cuya bodega ha estado en manos de la misma familia durante los últimos dos siglos. Es el más distinguido productor de Mosela y posee viñedos en otros distritos. Su trabajo ha sido reconocido por la revista inglesa Decantercomo uno de los personajes más influyente en la edad moderna de la variedad.

El Riesling se diferencia entre sí según sus grados de dulzor. Las cinco principales categorías son de difícil recordación: Kabinett(seco y semiseco); Spätlese(dulce); Auslese(más dulce); Beerenauslese(muy dulce); Trockenbeerenauslese (marcadamente dulce)

La tierra del Riesling evoca todas las sensaciones que transmite su terroir.
Tomado de www.amawaterways.com

Para Loosen, el Riesling atrapa porque…

-Genera satisfacción instantánea en el consumidor espontáneo, gracias a los encantos vibrantes de su fruta y a su penetrante sensación de frescura. Un Riesling complejo abre en el paladar profundas compuertas sensoriales.

-También atrapa el sentido del olfato con sus delicados perfumes frutales naturales, sin interferencia de roble ni de su estela de aromas secundarios como vainilla y mantequilla.

-En el paladar, su marcada acidez hace perfecto equilibrio con el dulzor natural de la uva. 

-Como intérprete del terruño, representa una especie de fotografía del suelo, del clima, de la topografía. Esto lleva a que los más conocedores sean capaces de distinguir, en un solo sorbo, regiones y características únicas.

-Presenta bajos niveles de alcohol. Las versiones dulces fluctúan entre 7,5 y 10 grados de alcohol por volumen. El seco y de mayor cuerpo, obtenido mediante largos periodos de fermentación, alcanza un porcentaje alcohólico de alrededor de 13 grados.

Los aromas y sabores varían con el tipo de dulzor y con la edad: en los más jóvenes se perciben sensaciones de durazno, mandarina, manzana, pera, piña, limón, juntamente con insinuaciones herbáceas, especiadas, florales, minerales y terrosas. Y con la edad, desarrolla fragancias a miel, jengibre, caucho y petróleo. No es defecto; es una virtud.

Y se debe servir muy frío, a una temperatura de 6 grados centígrados.

En contra suya obra el idioma. A menos que uno domine el alemán, la lectura de una etiqueta resulta imposible de leer, entender y pronunciar. 

Hay Riesling de países como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Pero ninguno como el original, que sigue siendo filigrana para los sentidos. Y flaco favor le hace un reciente torrente de productos industriales, basados en el volumen.