Enamorados del café, ante todo, retrata la transformación del negocio de los cafés especiales colombianos mediante el análisis de más de una veintena de expertos nacionales e internacionales.

Luis Fernando Vélez, creador de Amor Perfecto, cuenta sin desparpajo que no llegó al lugar donde está hoy sin antes haber librado una carrera de obstáculos. El primero fue su propio gusto por el café: pasó de ser un consumidor ignorante a convertirse en uno de los más respetados expertos  a escala nacional e internacional.

Lo que lo ha motivado, dice, es la obsesión de llevarles a los colombianos el café que se merecen.

Hace menos de diez años, Amor Perfecto era una de las pocas marcas dedicadas a buscar productos únicos en la geografía colombiana.

Las correrías de Vélez por los cuatro puntos cardinales fue complicada  porque los cultivadores preferían vender sus gran os por peso que por evaluación de la calidad de taza. Muchos de ellos ni siquiera sabían a qué sabía su café.

Pero a medida que cientos de labriegos tomaron conciencia de lo que hace el valor agregado, o sea, no vender granos, sino, incluso, cafés ya tostados. Vender el café transformado transforman sus vidas y esto, dice Vélez, ha conducido a una “revolución silenciosa”, tanto en la producción de café como en el consumo de granos de calidad.

Pero quizás lo más importante es que cada vez más campesinos dejan de  poner el sombrero para recoger ayudas y, por el contrario, comienzan a pensar en el café como un negocio familiar o comunal.

Según recoge el libro, es cada vez más frecuente encontrar negocios familiares o de economía cooperativa en los que los hijos o los asociados se hacen cargo de todos los esquemas de producción: desde la siempre y cosecha, hasta el tueste y la venta de café al detalle. Muchos de estos emprendimientos venden, incluso, el café en mercados internacionales.

Cafeteros-empresarios

La cultivadora Astrid Medina divide su vida entre las labores del campo y la promoción en los centros urbanos.

Desde el Pital, en Huila, los cafés de Elías Roa ponen siempre el techo en precio de los especiales colombianos. Toda su familia está metida en el negocio. Foto de www.lanacion.com.co

Dar este tipo de paso, no es fácil, porque se necesitan recursos. Vélez, por ejemplo, viajó y se educó con dinero de su propio bolsillo, pero, al final del día, quedó con una enorme red de contactos directos y compradores de distintos continentes.

Aparte de lo que ha hecho por él mismo, Vélez ayudó a formar jóvenes en el arte del barismo, invitando a expertos internacionales para dirigir estos programas de capacitación profesional.

Lo positivo, según concluye el libro, es que todos estos procesos no tienen reversa. En la actualidad, el 35% de los cafés comprados por las cooperativas regionales colombianas pertenecen al rubro de los cafés especiales, lo que les garantiza a sus cultivadores un sobreprecio del 15%.

La misma Federación Nacional de Cafeteros ha impulsado la realización de más de cien ferias regionales dedicadas a promover la producción de mejores granos.

Pero todo esto sólo puede fortalecerse si el consumidor nacional paga más por estos nuevos cafés.

Para Vélez, “lo imposible ha quedado atrás; ahora viene lo difícil”.

*Recomiendo la lectura de Enamorados del café. Es el compendio más completo sobre la evolución y retos del café colombiano de especialidad, con la participación de decenas de expertos nacionales y extranjeros.

Aclaro que la mayoría de los entrevistas son de mi autoría, gracias a la amable invitación de Luis Fernando Vélez de acompañarlo en este proyecto.

Los invito a ver el siguiente vídeo  sobre el libro. Lo hizo el portal www.colombia.com