La nueva generación de vino en caja está diseñada para quienes esperan del líquido algo que pueda contarles el diseño de la caja. Foto tomada de www.frenchrabbit.com

En los últimos días he oído a grandes figuras de la radio colombiana despotricar contra el vino en caja y las botellas tapadas con rosca. Al parecer sólo les sirve el vino en botella, cerrado, además, con un corcho portugués. Si no es así, el vino les parece poco romántico. Hay mucho de esto en el subconsciente, lo reconozco.

Pero el catalizador “romántico” es el vino, no el empaque. Por eso las pruebas más exigentes se hacen a ciegas, con botellas tapadas con bolsas para evitar prejuicios.

La clave está en el vino

El sistema de “Bag in the Box” es otro vino de empaque alternativo que tiene tan buen líquido como el de una botella, pero en mayor contenido y a menor precio. Foto tomada de www.thepetitefrog

Un hecho real es que los empaques alternativos se utilizan cada vez más por varias razones: tienen una buena relación precio-calidad, son más amigables con el medio ambiente (menos huella de carbono), contienen un mayor volumen de líquido (tres veces más que una botella), resultan más baratos de elaborar, pueden acomodarse con facilidad en barcos, aviones, depósitos y estanterías de cocina, no se quiebran, no presentan mal de corcho, se abren sin requerir de tirabuzones, se vacían mediante un grifo a prueba de ingreso de aire (vino + aire = vinagre), y están vivos y en óptimo estado durante meses en vez de días, como ocurre con el vino embotellado. Y sus ventas van al alza.

Marcas reconocidas, en caja

Cada vez crece el número de marcas reconocidas ofrecidas en caja. www.calaiswine.co.uk

También el vino en caja es una puerta de entrada para nuevos consumidores (sus oyentes), quienes, por menores ingresos, no los consumen de botella. Admitámoslo: ellos también tienen derecho a pasar un momento romántico con una copa en la mano.

Además, los productos en caja tienen los mismos estándares de calidad que un Grand Cru Classé de Burdeos. La diferencia radica en la complejidad y en el valor percibido del líquido, pues preparar un Grand Cru exige cuidados especiales en el viñedo, sapiencia centenaria, cosecha y selección manual, añejamiento en gravosas barricas de roble y reposo durante meses o años en bodegas de guarda. En cambio, los vinos jóvenes y ligeros, como los envasados en caja o en botellas de tapa rosca, manejan un concepto de volumen para hacerlos más asequibles al consumidor.

Por eso una sola botella de Domaine de la Romanée Conti, de Borgoña (viñedo con menos de dos hectáreas), cuesta más de US$15.000, mientras que un tinto del Valle del Maipo, en Chile, con uvas cultivadas en una finca de cientos de hectáreas, apenas vale US$5.

La tapa rosca, el sistema más seguro

En cuanto a la tapa rosca, es insustituible para proteger al vino de la oxidación, fin último de todos los cierres conocidos (corcho, silicona, plástico, vidrio).

El negocio de hacer vino sólo será viable si hay más consumidores de vinos frescos y alegres, estén envasados en cajas o botellas tapadas con rosca. Claro, hay una abundante gama de opciones de precios intermedios, pero eso lo determinará el bolsillo y el antojo de cada cual. Sin titubear digo que el horizonte del vino sería limitado si únicamente se elaboraran referencias exclusivas, en botella gruesa y con corcho.

Sí, lo admito, en sus inicios los vinos en caja no fueron de fiar, pero esa imagen es cosa del pasado. Del lejano pasado.