Pepe Raventós: al mando de todos los procesos. Cortesía de Raventós i Blanc.

Dos bebidas espumosas europeas –una italiana y otra española–han tomado por asalto a los principales mercados internacionales gracias a su triple condición de tener un origen reconocido, ofrecer productos refrescantes y con burbujas, y disponer de un gran despliegue mediático, que, por encima de todo, las puso de moda. Hablo del Prosecco y el Cava.

En el caso del Cava, dicho espumoso terminó convirtiéndose en un producto estandarizado y barato, con poca o ninguna gracia. Esto llevó a los productores de alta calidad a romper amarras y desligarse de la Denominación de Origen oficial, cuyos asociados de gran tamaño no querían que la fiesta terminara.

El primero en montar rancho aparte, en 2012, fue Pepe Raventós, perteneciente a una vieja familia catalana que produce vinos desde hace cinco siglos, entre ellos, los afamados Codorniú.

Su gesto más desafiante fue crear un territorio propio, la Conca del Riu Anoia, al que muchos le auguraron corta vida. Pero no fue así.

Hoy, esta zona del Penedès oriental se ha convertido en un nuevo foco de atención por parte de la crítica y de los tomadores de Cava más exigentes. Los viñedos florecen allí sobre suelos milenarios, que dan origen a vinos únicos, elaborados con uvas autóctonas. Allí creó Raventós i Blanc, su propia marca familiar.

Ravnetós y su equipo muestran que no hay espacio para la improvisación. Cortesía de Raventós i Blanc.

La historia de la Conca

Formada hace 16 millones de años, la cuenca ha guardado depósitos de conchas marinas, o sea, una mancha calcárea capaz de entregarles a los vinos deliciosos giros minerales, que les auguran largos años de vida. O sea, algo muy distinto a lo que practica el resto del sector, que tiene como meta no dejar caer la cuota de 220 millones de botellas anuales en el mundo.

Ayudado por Manuel, su padre, e inspirado en las enseñanzas de su abuelo, Josep, quien regentó Codorniú durante varios años, Pepe se ha empeñado en demostrar que el Cava goza de condiciones ideales para ponerse a la altura de los grandes vinos de la Champaña.

Además de las características de clima y suelo en la Conca del Riu Anoia, los vinos de Raventós i Blanc se conservan en botella durante 20 meses antes de salir a la venta, mientras que la media en las grandes bodegas de Cava es de nueve meses.

Variedades autóctonas

Raventós solo utiliza uvas autóctonas para la elaboración de sus vinos.

La apuesta de Pepe Raventós es volver a empuñar las riendas del Cava de calidad, a partir de uvas netamente catalanas como Macabeo, Xarel-lo y Parellada. “Nuestra meta es hacer un espumoso memorable, que hable claramente de nuestro terruño”, dice.

Y aunque existen otros cuatro pequeños productores sobresalientes de Cava –como Gramona, Recaredo, Mestres y Agustí Torelló–, Raventós i Blanc también busca otro factor de diferenciación a partir de la viticultura orgánica y biodinámica, como compromiso con la tierra y el medio ambiente.

El ejemplo de Raventós

El uso de antiguas ánforas se ha vuelto una tendencia en la Conca del Riu Anoia. Cortesía de Ravnetós i Blanc.

Aunque guarda buenos recuerdos de infancia y juventud en la zona de Sant Sadurní, donde su familia paterna ha elaborado vinos a lo largo de una veintena de generaciones, Pepe está convencido que la Conca del Riu Anoia demostrará a sus descendientes que las convicciones nunca son negociables. Su ejemplo ha inspirado a los mejores productores italianos de Prosecco para asumir retos similares, pues el demandado espumoso italiano también ha inundado el mercado con versiones mediocres.

Raventós i Blanc tiene disponibles varios tipos de Cava, de distintos perfiles de precio.

 

Estos son algunos de los vinos de Raventós i Blanc. Cortesía de Raventós i Blanc.