Paisaje Cultural Cafetero, en Colombia. Foto de www.viaeje.com

No puedo estar más de acuerdo con el argumento de Luis Fernando Vélez, creador de la marca Amor Perfecto, quien hace algunos años me decía que nuestras tensiones cotidianas podrían reducirse si las familias hicieran del café diario un cálido ritual.

Sin importar el sexo o la edad, cada persona podría potenciar sus habilidades sensoriales para, uno, ir a buscar el café al supermercado o a la tienda especializada; dos, para seleccionar la molienda del grano y/o la infusión perfecta, y tres, para servir el café en la mesa y hablar de su origen y matices olfativos y gustativos.

“Conformaríamos, así, una sociedad más propensa a valorar el trabajo del prójimo y, mediante ello, dignificarnos a nosotros mismos”, agregaba.

Tiene toda la razón. Pasamos por la vida sin mirar alrededor y sin agudizar sensibilidades que den dimensión a nuestra condición humana.

En el caso del café, por ejemplo, los lejanos consumidores del norte de Europa aman nuestros cafés y conocen en detalle sus secretos. Nosotros ni siquiera sabemos distinguir un café de otro; ni nos preocupa descubrir las diferencias entre un ejemplar de la Sierra Nevada de Santa Marta y otro de Cauca o Huila; ni apreciar el perfil de taza que aportan los granos cosechados a 1.500 metros sobre el nivel del mar en comparación con los que crecen a 2.000 o más metros de altura.

La prueba está consignada en el último informe de Euromonitor, empresa de investigación que mide, entre otras tareas, el consumo de bebidas en el mundo.

La liga de los consumidores

La cultura de consumo en Suecia ubica al país europeo en el primer lugar en el mundo. Foto de Slow Travel Stockholm.

Según Euromonitor, los mayores consumidores de café en el mundo, en 2016, fueron los suecos, con un promedio per cápita de 1.308 tazas. Nosotros quedamos rezagados: apenas 375 tazas. Nos superaron los brasileños, con 795 tazas; y los costarricenses, con 525, y los dominicanos, con 413 tazas.

Reconozco que el panorama está comenzando a cambiar, pues durante 2016 el consumo en Colombia creció un 2,5 por ciento.

Esto ya se nota, si es que abrimos bien los ojos. En Bogotá, cada día se abren nuevos locales especializados. En ellos, el café de origen y los diferentes sistemas de preparación están a la orden del día.

La avanzada

Luis Fernando Vélez, de Amor Perfecto.

Amor Perfecto, Catación Pública, Devoción y Azahar, se suman hoy Salvo Patria, Café Cultor, Bourbon, Varietale, Café Ibáñez, Contraste Coffee Lab, Arte y Pasión, Capof Café, Catuai Coffee, y están, por supuesto, las tiendas de Juan Valdez, donde aumenta la oferta de lotes especiales. Algo parecido sucede en las clásicas Oma y Diletto. Ni qué decir lo que se vive en Medellín, Armenia, Pereira y Manizales. Lo más significativo es que quienes están al frente de estos proyectos son jóvenes emprendedores que ven en el café una nueva oportunidad de vida. Y nos dignifican, dignificándose ellos mismos.

Y hablando de oportunidades y esperanzas, vale destacar la búsqueda de Nespresso (creadora del concepto de café de calidad en cápsulas), que esta semana adicionó a su portafolio un café de edición limitada procedente de una zona antes vedada por el conflicto armado: Caquetá. Bautizado con el nombre de Aurora de la Paz, este proyecto anticipa nuevas ampliaciones del contorno cafetero, de por sí caracterizado por una enorme diversidad de pisos térmicos, donde la caficultura está enraizada o por implantarse.

Lo fascinante de Aurora de la Paz es que crece en una zona de piedemonte, donde se entrecruzan frescas corrientes de aire provenientes de los Andes y vientos cálidos y húmedos de la Amazonia, permitiendo así lograr un café único de mediana intensidad, fina acidez y seductor volumen en boca.

Mi pregunta a usted, lector, es: ¿en qué punto está su relación con el café? Si es bajo, ya tiene cómo ampliarla.

*Este artículo fue publicado inicialmente en el diario colombiano www.elespectador.com

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