Este pueblo medieval ha re descubierto su gran pasado con el vino.

Este pueblo medieval ha re descubierto su gran pasado con el vino.

Esta no es solamente una historia de vinos. Es también un proyecto de vida, convertido en fábula. Su protagonista es un descendiente de húngaros emigrados a Portugal y Brasil. André Manz nació en el distrito de Caraguatatuba, cerca de São Paulo, pero a los 20 años, hacia 1980, regresó a la península ibérica para jugar al fútbol.

André Mana muestra orgulloso su colección de vinos portugueses.

André Mana muestra orgulloso su colección de vinos portugueses.

Una lesión en su muñeca lo obligó a abandonar las canchas y a preocuparse por recuperar sus movimientos. Buscó en Lisboa un lugar para someterse a terapias deportivas y no comnsiguió ninguno. Simplemente, ese concepto no existía. Vio entonces la oportunidad de montar centros de fitness, donde la gente pudiera mantenerse en forma y especializarse en técnicas deportivas.

En 2004, y con algunos duros en los bolsillos, Manz decidió abandonar el agitado entorno urbano de Lisboa para que sus dos pequeños hijos crecieran en un ambiente más rural. Llegó a Cheleiros, una pequeña feligresía  (distrito), situada a media hora de la capital. Además de tranquila y pastoral desde el siglo XII, Cheleiros poseía una larga lista de misterios, tradiciones y riquezas arqueológicas y geológicas, pues durante miles de años estuvo bajo el mar.

Huellas de un lejano pasado

Por este puente ha desfilado la historia del antiguo pueblo.

Por este puente ha desfilado la historia del antiguo pueblo.

Finalmente, Manz compró dentro del casco urbano una propiedad en estado de abandono, que en el pasado había servido de sede a la escuela local.

Restauró su estructura y descubrió que todos los terrenos circundantes eran un paraíso de objetos, herramientas y subsuelos minerales.

También se enteró que Cheleiros llegó a tner más de 43 pequeñas bodegas de vino para calmar la sed de sus 700 habitantes. Y como Manz ya traía desde Brasil un interés por la bebida, comenzó a preguntar en el vecindario si había alguien que le enseñara a elaborar vinos. Pronto recibió la visita de una lugareña, quien le habló de un pequeño y enmontado viñedo que perteneció a su difunto marido. Y como ni ella ni su hija lo querían mantener, se lo ofrecieron en venta. Y otro vecino, conocedor de las tradiciones, le enseñó las técnicas tradicionales utilizadas en la zona.

Bajo la sombra de la tradición

Mana ha recuperado muchas de las herramientas utilizadas por los antiguos pobladores.

Mana ha recuperado muchas de las herramientas utilizadas por los antiguos pobladores.

Manz compró y recuperó el viñedo para hacer su propio vino propio y disfrutarlo con sus amigos. Como lo obsesionaba la idea de hacer las cosas bien, contrató a dos enólogos para que le ayudaran a cuidar del viñedo y a elaborar el vino. Durante las primeras inspecciones, los técnicos le informaron a Manz que había una pequeña sección con uvas blancas de una variedad poco común. Incluso, le sugirieron arrancar y reemplazar esas parras cepajes más comerciales.

Manz se opuso, diciéndoles que su primer vino debía elaborarse con esas uvas. Y así lo hicieron. Fueron infructuosos los intentos de averiguar por los locales el nombre de la uva, así solicitaron apoyo de expertos nacionales, quienes le informaron a Manz y su pequeño equipo que se trataba de Jampal, una antigua variedad portuguesa perdida en los tiempos desde que romanos y moros dominaron la zona.

Los vinos hechos con Jampal tenían características tan especiales, que, a pesar de su acidez y su frescura, poseían también la estructura de un tinto. Sometió el vino a prueba y  los comentarios eran cada vez mejores. Hoy Manz es el único productor en el mundo de un vino monovarieta hecho con Jampal. Lo bautizó Doña Fátima, en honor a su suegra. “Lo hice por la excelente acidez natural de la uva y por la los apuntes ácidos de esta mujer.

Dona Fatima, el único Jampal 100%

Dona Fátima fue el vino que lo lanzó a la fama.

Dona Fátima fue el vino que lo lanzó a la fama.

Así es que, de pequeño pasatiempo, el vino se transformó para Manz en todo un proyecto de negocios. Luego comenzó a impulsar proyectos similares en otras zonas históricas del vino, en Duoro y Setubal. En la actualidad sus blanco, rosado y tintos se han convertido en un motor de desarrollo para las comunidades donde opera su compañía, empezando por Cheleiros, que se ha convertido en un importante polo turístico cerca de de Lisboa.

Su producción no sobrepasa los 150.000 litros al año, o sea, un emprendimiento pequeño frente al de los grandes grupos de su país y del mundo. Desde hace poco tiempo, los vinos de Manz ya han comenzado a llegar a Colombia.

La colección de Manzwine.

La colección de Manzwine.