La cuantiosa oferta de vinos puede encontrarse con cada vez menos compradores. Foto de: www.dreamstime.com

La cuantiosa oferta de vinos puede encontrarse con cada vez menos compradores. Foto: www.dreamstime.com

Desde mediados de 2015, e incluso desde un poco antes, el mundo del vino empezó a sentirse acorralado por una sarta de malos augurios.

Fenómenos como la caída de los precios del petróleo, el repunte del dólar, la devaluación de varias monedas –incluido el peso colombiano–, la presión inflacionaria, la amenaza de nuevos impuestos y la depresión del consumo se han convertido en factores que afectan claramente los costos de producción en origen y los precios finales en los mercados de destino.

El resultado es una inevitable baja en la demanda de la bebida, lo que no sólo afecta el curso del negocio para los elaboradores, sino que incide negativamente en los ingresos de los comercializadores y en la recaudación de impuestos para el Estado.

No aplicar el freno

Las ofertas son una buena salida para reducir inventarios y evitar que el consumo se estanque. Foto de: www.brainstormstudio.com

Las ofertas son una buena salida para reducir inventarios y evitar que el consumo se estanque. Foto de: www.brainstormstudio.com

Frente a otros insumos de mayor trascendencia macroeconómica, quizás lo que afecte al vino no tiene ningún peso desestabilizador, pero sí desacelerará la curva de crecimiento registrada en los últimos 15 años.

Y no sólo eso. Se corre el peligro de perderse un aliado valioso en la construcción de la experiencia gastronómica, la cual, en tiempos recientes, ha venido observando un auge sin precedentes, que contribuye, tras resaltar las tradiciones culinarias, a enriquecer valores sociales y culturales.

Cuando se hace memoria de lo que ha ocurrido en países donde el vino ha sufrido golpes similares en el pasado, surgen interesantes alternativas que permitirán hacerle el quite a la borrasca. O, por lo menos, intetarlo.

Lo primero–y esto va para supermercados, tiendas especializadas y restaurantes—es que el consumidor habitual (y también el ocasional) no dejará completamente de beber vino. Pero sí hará algunos cambios. Una buena estrategia es poner al frente de las cartas aquellos productos que constituyen una excelente relación calidad-precio. Esas páginas dedicadas a grandes marcas y a precios exorbitantes poco tendrán que hacer en una ambiente económicamente difícil, aunque, desde luego, habrá sus excepciones.

Quiénes sobrevivirán

Estrategias como el vino por copa, a precios razonables, puede ayudar a mantener el consumo en el entorno gastronómico. Foto de: www.tasterette.com

Estrategias como el vino por copa, a precios razonables, puede ayudar a mantener el consumo en el entorno gastronómico. Foto: www.tasterette.com

Y en este misma línea, sólo sobrevivirán aquellos proveedores que brinden calidad, precios justos y buen servicio, dado que estos beneficios obrarán como paliativos ante cualquier tipo de reserva o preocupación por la cuenta final.

Tal vez un pequeño consuelo para los hoteles y restaurantes nacionales es que, con la subida del dólar, habrá un número menor de viajeros al exterior. Los demás se dedicarán a buscar su entretenimiento dentro de las propias fronteras, pero sin sentir que se les cargue la mano.

El cliente final también podrá acomodarse a las nuevas circunstancias, sin sacrificar la posibilidad de tomarse un rico vino. Por ejemplo, puede ordenarlo no por botella sino por copa, aunque, eso sí, deberá controlar el número y las cantidades, porque el fraccionamiento siempre implica un precio mayor que lo que cuesta la botella.

Igualmente, en vez de ordenar vinos complejos con añejamiento en madera, puede optarse por vinos de la cosecha inmediatamente anterior. Estos vinos, al exigir menos inversiones en su producción, siempre tendrán precios mas asequibles.

Y si el entorno gastronómico formal se hace demasiado costoso para el presupuesto disponible, otra alternativa es aprovechar las rebajas y las ofertas en los supermercados, y a cocinar en casa, departiendo con familiares y amigos. Aquí el ahorro será más que evidente.

Prepárese, entonces, para un año de reforma tributaria y de reajuste fiscal en el precios de los vinos. Pero si proveedores y consumidores ponen en práctica algunos de las mencionadas recomendaciones, no habrá motivo para elegir otra bebida.