Álvaro Palacios, creador de vinos únicos. www.7canibales.com

Álvaro Palacios, creador de vinos únicos. Foto de  www.7canibales.com

Hace algún tiempo que no voy a España y eso me tiene inquieto. Son tantas las cosas nuevas y emocionantes que están pasando con el vino en ese país que es imposible postergar por más tiempo una próxima visita. Será en octubre y estoy que cuento los días.

En esta vuelta, me concentraré en dos zonas milenarias que pudieron haber caído en el olvido de no haber sido por el trabajo de emprendedores y visionarios. Hablo del Priorato y Bierzo, y, de paso, de Rioja Baja, la hermana olvidada de otras dos zonas ubicadas en la misma denominación, pero que han sido, por así decirlo, de mejor familia que la anterior: Rioja Alta y Rioja Media.

Mis motivaciones se acrecentaron hace unos días cuando leí el ejemplar de abril de la revista inglesa Decanter, que destacó la vida y obra de su Personaje del Año, el español Álvaro Palacios. Riojano de nacimiento y explorador incansable, Palacios ha tratado de revolucionar el presente del vino español con una mirada puesta en el pasado, justamente en zonas como Priorato, Bierzo y Rioja Baja.

Pasión, ante todo

Guapo y excéntrico, expresivo y hablador, apasionado y enfático, Palacios (51) toma algunas veces el porte de un bailador de flamenco, que en la vida real también lo es. Y si algo mueve sus fibras internas, ese algo se llama la fiesta brava. Quizás por eso defiende las tradiciones vitivinícolas españolas, dedicando gran parte de su vida profesional a rescatar regiones y variedades de uva peninsulares que habían sido olvidadas.

Su certeza de que algo bueno resultará proviene de su incansable búsqueda proviene de una arraigada obsesión de buscar viejos viñedos en parajes que durante siglos estuvieron a cargo de comunidades religiosas. Porque fueron precisamente los monjes los quienes mantuvieron con vida la tradición del vino en la Europa antigua, y España no fue la excepción.

Claro que esta devoción no le cayó del cielo. Palacios pertenece a una tradicional familia riojana que ha estado involucrada en el arte de hacer vinos desde hace cinco generaciones. Estudió enología en España, Francia y Estados Unidos, donde su sed de conocimiento y su búsqueda de la perfección lo llevó a no pasar desapercibido.

Su espejo e inspiración ha sido la región francesa de Borgoña, donde se producen tintos aparentemente ligeros. Digo aparentemente porque parten de la delicada cepa Pinot Noir. Pero tanto el lugar de origen como la técnica pueden dar como resultado vinos profundos, que dejan huella. De todos los sistemas de clasificación, adopta filosóficamente el borgoñés, porque va de menor a mayor según su ubicación geográfica y su manera de expresar el suelo. Y sus marcas incluyen los nombres de donde provienen.

Un riojano en Cataluña

Álvaro Palacios en Priorato, Cataluña, su tierra de adopción. www.sibarita.com

Álvaro Palacios en Priorato, Cataluña, su tierra de adopción. www.sibarita.com

Tras su concluir su ciclo de formación, regresó a casa y trabajó brevemente en Palacios Remondo, la bodega familiar establecida en 1948 por Don José, su padre, y Carmen, su madre, en la Baja Rioja. Convencido que los mejores vinos españoles se dan más al norte, se lanzó a la búsqueda de viñedos abandonados, y fue así como llegó a Cataluña de la mano de René Barbier, ex trabajador de su padre, quien había estado invirtiendo en tierras en Cataluña. Como la compra de fincas abandonadas y las tareas de rescate y plantación de nuevos viñedos iba a tardar un tiempo, vendió barricas de roble a viñateros de la zona.

Aunque sabía que era difícil elaborar vinos de calidad de variedades nativas vistas como de segunda clase, se dedicó a trabajar con uvas como Garnacha y Mencía, y a rescatar la Graciano de Alfaro y la Monastrell. Si bien plantó también Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, sus mejores y más representativos vinos provienen de las primeras.

Los resultados tuvieron un impacto inmediato entre los expertos nacionales e internacionales, y, desde un comienzo, empezó a vender sus vinos a precios similares a los de los mejores vinos franceses, y el mercado los pagó. En Cataluña creó Camins de Priorat y Gallatrops, en honor de los lugares de origen, lo mismo que L’Ermita y Finca Dofí, como reconocimiento a los nombres de las mejores fincas. En Bierzo, con su sobrino Ricardo, siguió el mismo modelo: Pétalos recibió el nombre de la zona, Villa de Corullón, de la población donde se encuentra el viñedo, y Las Lamas, Mocerbal y La Faraona, los nombres de los mejores viñedos. Y en Rioja Baja asumió con sus hermanos el negocio familiar y lo retransformó, volviendo al viejo sistema de plantar en forma de arbusto, el estilo ancestral de la zona. Y de finos de gran volumen pasó a sacar La Montesa y Valmira, estilos de vino impensables en esta dura topografía.

La emoción estética

Tres de sus vinos del Priorato. www.7canibales.com

Tres de sus vinos del Priorato. www.7canibales.com

Sin excepción, cada uno de sus vinos se ha concebido para, según sus palabras –recogidas por el escritor y enólogo español Pedro Ballesteros Torres en un artículo para Decanter–, “elevar dentro de quienes los bebe una emoción estética y una sensación mágica en cuerpo y alma”.

Algo así como vinos sagrados, porque, según Palacios, los nuevos vinos hechos a imagen y semejanza de los vinos de la Edad Media, deben guardar la mística de los viejos monasterios, donde no se elaboraban para el mercado, sino para la eternidad.

Y mi reto será apreciarlos en esa misma dimensión en mi regreso a la península.

Pétalos, su vino de Bierzo. www.wineanorak.com

Publicación inicial: Diario El Espectador, Colombia (www.elespectador.com)