La relación del Pisco con la historia y la cultura peruana es una sola. Foto tomada de www.notasdecatarsis.wordpres.com

La relación del Pisco con la historia y la cultura peruana es una sola. Foto tomada de www.notasdecatarsis.wordpres.com

La historia del Pisco está intrínsecamente ligada a la sociedad agraria de Perú. En su mayoría, los actuales productores (unos 400) son hombres de campo (con la excepción de unas pocas mujeres), que han recibido los secretos de elaboración de sus padres, y estos, a su vez, de los suyos, en una sucesiva cadena de transmisión de costumbres y conocimientos, que, ojalá, perdure por mucho tiempo más.

La epítome de estos productores auténticos es, para mí, el admirado Matías Grados, mejor conocido como el ‘Cholo’ Matías, un campesino iqueño, ya entrado en sus ochentas, que constituye el principal referente para los pisqueros de todas las edades y condiciones, lo mismo que para los más exigentes consumidores de la compleja y sorprendente bebida peruana.

Nunca olvidaré la fuerza de sus gruesas y curtidas manos, sus largos silencios, y su respetuosa cortesía al ofrecerme su petaca personal, que sacó del bolsillo de su arrugado saco. “Toma, prueba un trago de mi Negra Criolla [una de las ocho uvas pisqueras]”. Apuré un sorbo y, como el astronauta estadounidense Neil Amstrong, di una tremenda zancada, no sobre la superficie de la Luna, sino hacia el Olimpo de los elixires. Cuando intenté devolverle la licorera, me enseñó con la mano a los demás contertulios (sus hijas y un par de amigos), y me invitó a pasarla de mano en mano. En el Pisco, la generosidad de compartir es pieza clave de su esencia.

Moquillaza, el big boy de la nueva generación

Pepe Moquillaza, en el centro, entre Ricardo Carpio, del Pisco Bar, y el periodista chileno Patricio Tapia.

Pepe Moquillaza, en el centro, entre Ricardo Carpio, del Pisco Bar, y el periodista chileno Patricio Tapia.

La fecha más reciente cuando probé un Pisco del ‘Cholo’ Matías fue en julio de 2013, cortesía de Ricardo Martínez, un alto ejecutivo de una compañía minera, quien me había invitado a su casa, en el exclusivo distrito de La Molina, al este de Lima, a instancias de Pepe Moquillaza, un amigo de ambos. Era un Italia Rosada, otra uva pisquera, que está plantada en bajas cantidades en Perú.

La gracia de esta historia fue  que la botella abierta por Martínez ya había sobrepasado los 20 años de evolución. Y qué joya: pura delicadeza y carácter mineral, con toques a nueces, uvas pasas y pimienta negra. Martínez me había mostrado, minutos antes, su cava personal de Pisco, donde guarda ejemplares de varias décadas y otros tesoros que ha lacrado para frenar la tentación de tomárselos.

Pero antes de eso ya habíamos probado un Quebranta (la uva pisquera de mayor trascendencia), que Martínez había destilado en compañía de Carla Carty, su esposa, y de Jorge Portela, un amigo, quien también estaba presente esa noche. Han bautizado esta marca, hecha a tres manos, con el nombre de Villa de Valverde, nombre original de Ica. Es un caldo que, sin duda, promete mejores días.

En realidad, la velada había comenzado con una prueba del Inquebrantable 2011, el Pisco de Moquillaza (también con uva Quebranta), que él ha hecho con el sudor de su frente y el sacrificio de los ahorros de su vida. Sin duda, esta cosecha dará mucho de que hablar, una vez, claro, Moquillaza la envase, cosa que ocurrirá entre ocho o doce años. En el fondo, le apuesta a un envejecimiento largo y digno.

Cosecha de nuevos pisqueros

imagen-rago-kisicPor si todavía no es clara mi intención, quiero reseñar con estas anécdotas el comienzo de una nueva tendencia, consistente en el ingreso de ejecutivos y altos profesionales peruanos a la elaboración de Piscos boutique. Portal, por ejemplo, es experto en informática, y Moquillaza es consultor de infraestructura. Y Carla es propietaria de una agencia de viajes.

Días antes, el empresario Javier Rodríguez Cuadros también me había convidado a probar su nuevo Pisco, hecho con Quebranta, que está buenísimo, pero aún no tiene marca. El propio Rodríguez me comentó que los Pisco Boys siguen multiplicándose. Entre los nombres que recopilé en menos de 15 minutos está el Leblanco, de Carlos Mejía, agrónomo, y el 1615, creado por el banquero Drago Kisic, graduado en Oxford University.

Pisco Girl

Melanie Asher, ex banquera, fundadora de Macchu Pisco. Foto de www.foodgps.com

Melanie Asher, ex banquera, fundadora de Macchu Pisco. Foto de www.foodgps.com

La única Pisco Girl es la ex banquera Melanie Asher, educada en Harvard y con experiencia laboral en Wall Street. Su marca es un ingenioso juego de palabras en torno a uno de los símbolos históricos y culturales del país: Macchu Pisco. Otra nueva gloria es Campo de Encanto, del inquieto Carlos Romero.

Otros proyectos exitosos, aunque enfocados más en el mercado masivo, incluyen a Queirolo, Cuatro Gallos, Viñas de Oro, El Portón y Demonio de los Andes.

Sin duda, la llegada de importantes hombres de mundo, como los Pisco Boys, le permitirá a la bebida alcanzar el futuro que esperaba, con mucho apego y respeto hacia lo que el ‘Cholo’ Matías y otros productores artesanales les han dejado, pero con un ojo puesto un mercadeo más estratégico.