Fusión de tradición y modernidad en esta imagen de la bodega y su hotel adyacente, en la localildad de El Ciego, Rioja Alavesa. Foto de www.arqhys.com

Fusión de tradición y modernidad en esta imagen de la bodega y su hotel adyacente, en la localildad de El Ciego, Rioja Alavesa. Foto de www.arqhys.com

Marqués de Riscal es una bodega española (de la Rioja Alavesa, al norte de la península) que no ha perdido vigencia a lo largo de sus 155 años de historia. Su fundador, Camilo Hurtado de Amézaga, Marqués de Riscal, no nació entre parras ni entre fudres de vino, pero resultó ser un gran visionario.

Fue diplomático y periodista, y muy joven fijó su residencia en Burdeos, suroeste de Francia, donde tuvo la fortuna de adentrarse en la vitivinicultura fina bordelesa, que, por entonces, constituía (y aún es) el punto de referencia para los hacedores de vino del mundo.

En 1858, Hurtado de Amézaga regresó a España para fundar su propia bodega. Desde entonces, él y sus herederos se han consagrado a promover los principios de innovación y cambio, desde el viñedo hasta la botella.

Primer momento cumbre

Etiqueta y reproducción del diploma obtenido por Riscal en 1888. Foto de www.marquesderiscal.com

Etiqueta y reproducción del diploma obtenido por Riscal en 1895. Foto de www.marquesderiscal.com

Su primera gran consagración llegó en 1895, cuando Marqués de Riscal obtuvo el Diploma de Honor en la Exposición de Burdeos, siendo el primer vino no francés en recibir dicho reconocimiento. Fue, sin duda, un momento cumbre para los vinos españoles, y, desde entonces, este hecho le otorgó a la Rioja la condición de ser una de las mecas de la vitivinicultura internacional.

Pese a que la Rioja se ha identificado siempre con los vinos tintos –y a que la bodega basaba su fama en el Marqués de Riscal Reserva y Marqués de Riscal Gran Reserva, ambos hechos con la variedad tinta Tempranillo–, la empresa decidió incursionar, en 1972, en los vinos blancos, impulsando, de paso, la creación de la hoy famosa denominación de origen de Rueda, actual cuna de algunos de los mejores vinos ibéricos de ese tipo.

En 1986, Marqués de Riscal fue más allá, y lanzó Barón de Chirel, el vino emblemático de la casa, considerado uno de los mejores de España y del mundo. No obstante, y consciente de que la economía de una empresa vitivinícola no se construye sobre la plataforma de sus grandes etiquetas, la compañía llevó al mercado, en 1999 y con gran éxito, el Riscal 1860 (etiqueta azul), un tinto ligero, destinado a paladares menos exigentes y a bolsillos más modestos.

El aporte de Ghery

Uno de los bocetos utilizados por Ghery para su proyecto. Foto de www.marquesderiscal.com

Uno de los bocetos utilizados por Ghery para su proyecto. Foto de www.marquesderiscal.com

Además, e impulsados por el reconocimiento mundial de la marca y por las nutridas visitas anuales de entusiastas seguidores, los directivos de Marqués de Riscal (descendientes del fundador) iniciaron, en 2000, el proyecto de crear una ciudadela del vino, en la población de El Ciego, sede de la firma. Invitaron al arquitecto estadounidense Frank Ghery, quien justamente había concluido la construcción del Museo de Guggenheim, en Bilbao. Inicialmente, Ghery se negó, pero lo tentaron con una oferta irresistible. “Díganos en qué año nació para destapar una botella en su honor”. Le descorcharon un Marqués de Riscal de 1929, que lo dejó impactado. No sólo hizo el revolucionario edificio –hoy símbolo del modernismo vitivinícola–, sino que se convirtió en uno de los más encariñados seguidores de la marca.

La flotilla de Marqués de Riscal

Portafolio esencial de Marqués de Riscal y otras de sus marcas. Foto de www.verema.com

Portafolio esencial de Marqués de Riscal y otras de sus marcas. Foto de www.verema.com

Y para ponerse a tono con los nuevos tiempos, las marcas Marqués de Riscal Reserva y Gran Reserva modernizaron su contenido, a riesgo de que sus más files seguidores rechazaran el cambio. Pero los adeptos lo aceptaron y los nuevos consumidores abrazaron el concepto. Hoy Riscal exporta a 103 países del mundo, un récord para cualquier productor del ramo.

También amplió su portafolio con vinos más modernos como Finca Torrea y Finca Montico (tinto y blanco respectivamente), y, en 2010, le compró a la francesa Pernod Ricard la marca Marqués de Arienzo, que, en poco tiempo, empezará a llamarse Arienzo by Riscal. Todo este recorrido ha llevado a Marqués de Riscal a ser considerada una de las 10 marcas de vino más admiradas del mundo, según la revista Drinks International.

José Luis Muguiro, director y accionista de Herederos de Marqués de Riscal, dice que el compromiso con el futuro no se detiene.

Muchas viejas marcas europeas se han quedado enterradas en el camino de su larga historia. Pero Marqués de Riscal ha demostrado que, fuera de hacer vinos originales, frescos, elegantes y fáciles de beber, también ha aprendido a perdurar en el tiempo; ciento cincuenta y cinco años, para ser más exactos.