El cambio climático trae grandes amenazas al futuro del vino. Foto de www.cellarblog.org

El cambio climático trae grandes amenazas al futuro del vino. Foto de www.cellarblog.org

A ninguno le gustaría ser un aguafiestas del vino. Pero la verdad es que el futuro de la bebida –que nos ha causado tantos placeres y emociones a lo largo de los últimos 8.000 años– está en entredicho. Esto se debe, en buena parte, a nuestras irracionales acciones con el medio ambiente, que, a su vez, ha causado una elevación considerable de la temperatura terráquea. Y el calor excesivo es uno de los peores enemigos de la vid.

Actualmente, la presión ya es enorme sobre países tradicionales y emblemáticos como Italia, España y Francia. Zonas como la Toscana, Ribera del Duero, Rioja y Burdeos se están calentando a pasos agigantados y esta realidad está incidiendo en el estilo de sus vinos. A mayores temperaturas, mayores niveles de azúcar, y a mayores niveles de azúcar, mayor porcentaje de alcohol. Malo, malo.

Como resultado de estos fenómenos, muchas bodegas en todos los continentes están moviéndose hacia zonas más frescas para enfrentar los riesgos venideros. O, simplemente, la vitivinicultura ha despegado en nuevos confines. Por ejemplo, Inglaterra, que nunca tuvo las condiciones climáticas ideales para la vitivinicultura, están apareciendo en la escena, con la producción de blancos y espumosos.

De igual manera, Alemania, Austria y Hungría –cuyas condiciones climáticas han favorecido más a las uvas blancas que a las tintas– ya registran un aumento notorio en sus plantaciones de variedades de piel oscura, como consecuencia del aumento en las temperaturas.

Buscando las alturas

Una de las alternativas es buscar zonas altas y más frescas. Foto de http://www.myswitzerland.com

Una de las alternativas es buscar zonas altas y más frescas. Foto de http://www.myswitzerland.com

El mismo problema se vive en regiones del Nuevo Mundo como Argentina, Chile y Australia. En estos contornos la sed por los viñedos de altura o por las zonas más frescas va en amento, poniendo el precio de la tierra por los cielos. En el caso de Argentina, distritos como el Valle de Uco, en Mendoza, figuran entre los más apetecidos por su ubicación, en el pie de monte de la cordillera de Los Andes. En Chile, los valles de Itata y Bio Bio, en el extremo sur, están entrando en acción, al tiempo que provincias como el Valle Central empiezan a tener dificultades por el repunte de la temperatura.

En realidad, se estima que entre un 26% y un 73% de los viñedos del mundo desparecerían de la faz de la tierra por efectos del cambio climático. Estas alarmantes cifras están contenidas en un estudio de la Universidad de Texas, que advierte que hacia 2050 la situación será desesperante para las zonas productoras de mayor prestigio, tanto en Europa como en el Nuevo Mundo.

El estudio revela, por ejemplo, que territorios como el mediterráneo europeo perderán el 68% de sus zonas. El panorama será más crítico en países como Australia, que perderá el 73% de su actual territorio vitivinícola. En Chile, las mayores amenazas se ciernen sobre clásicas denominaciones de origen como Maipo, Cachapoal y Colchagua, donde, además de las altas temperaturas, se experimentará una notoria escasez de fuentes de agua. Adicionalmente, Maipo sufrirá una reducción del 20% en su régimen de lluvias.

Uvas resistentes a los extremos

Se llevan a cabo estudios científicos para hacer a los viñedos más resistentes al cambio climático. Foto de www.tripwow.tripadvisor.com

Se llevan a cabo estudios científicos para hacer a los viñedos más resistentes al cambio climático. Foto de www.tripwow.tripadvisor.com

Una posibilidad es comenzar a trabajar genéticamente las principales variedades de uva para hacerlas más resistentes al calor y a la falta de agua. Igualmente, otras acciones complementarias incluyen la plantación de viñedos con sistemas de orientación que les permitan evadir la irradiación solar. Asimismo, se buscará una mayor densidad de hojas para proteger los racimos.

Se ha llegado hasta proponer la introducción de técnicas agrícolas que eliminen la necesidad de hidratar los cultivos. Una planta, por ejemplo, necesita desarrollarse bajo un régimen de precipitaciones de 800 milímetros anuales. No obstante, áreas como Mendoza apenas reciben 200 milímetros. O sea que los otros 600 milímetros debe aportarlos la irrigación. ¿Qué pasará con todos esos cultivos si el líquido también se agota?

Si se quiere asegurar el futuro de la elaboración de vinos, bodegas e institutos de investigación deberán diseñar estrategias para proteger una de las tradiciones más importantes de la civilización humana. Lo que sí se anticipa es que la oferta será más reducida y los precios serán más altos, lo que reducirá el consumo y la cantidad de entusiastas. Una pena.

Por donde se le mire, el futuro del mundo vitivinícola no es claro. Y eso es triste.