Todo, menos formalidad. Ese es el nuevo codigo del consumo de vino en las nuevas generaciones. Foto tomada de www.crtbuzzbin.com

A medida que les pasan los días y los años a las generaciones actuales (incluida la mía), bodegas e instituciones del vino han comenzado a preguntarse seriamente por las expectativas de los jóvenes frente al vino (cualquiera sea el subgrupo al que pertenezcan: Generación X, Millennials o cualquier otro en gestación). El gran temor es que la brecha intergeneracional ha aumentado, y con ella, también, la forma de comunicamos entre sí. Esto es, si nos estamos comunicando.

Los mayores –actuales jerarcas del consumo– valoran los puntajes, los altos precios, la elevada complejidad aromática y gustativa, la exclusividad de un terroir o de una cepa y la imagen social derivada de comprar u ordenar en un restaurante un vino “famoso”. Los jóvenes, en cambio, se sienten impulsados por otros motivos: las historias divertidas, las sorpresas, las experiencias, la facilidad de consumo y, ante todo, los precios módicos. En cierta forma, quieren sus propias etiquetas y sus propios contenidos líquidos. Pero los productores siguen empeñados en conquistar aquellos  paladares que van de salida.

En primer lugar hay que entender que la Generación X y los Millennials tienen en el mundo digital su mundo real. Y los viñateros ven el mundo digital como un simple recurso para seguir imponiendo su mundo real. ¿Cómo cerrar la brecha?

En un intento por atraer a la Next Generation, varias bodegas han introducido acciones dirigidas a los jóvenes, quienes, por voluntad propia, no irían, por ejemplo, a visitar una bodega como plan de domingo.

Para citar un caso, la empresa Titus Vineyards, del Valle de Napa, subió a la red un stream de vídeo al que llamó Harvest Live (Cosecha en vivo). Allí mostraba el proceso de recolección de la uva y los primeros momentos del mosto antes de convertirse en vino.

Paladares inexperimentados, pero inquietos

El conocimiento es lo de menos. La curiosidad y el deseo de experimentar son la nueva clave. Foto tomada de www.yelp.com

Otra compañía, en vez de hacer degustaciones, se dedica a promover “Wine Riots” (literalmente disturbios), con música, payasos, globos aerostáticos, palomitas de maíz y platos simples. El éxito entre los jóvenes ha sido total. Atrás quedaron las degustaciones organolépticas, donde se habla un idioma incomprensible.

Igual impacto han tenido las estrategias de mercadeo de otros productores, en las que se hace hincapié en las historias y antecedentes más llamativos de la bodega o en las anécdotas detrás de la construcción de una marca. Se han dado cuenta que los jóvenes adoptan con mayor facilidad estos discursos, porque, simplemente, luego los replican ante sus amigos con una botella de vino de la bodega que los atrapó de esta manera. Aprendieron algo de su interés y quieren participarlo.

La tecnología, una puerta de entrada

¿Sommelier digital? Las herramientas de consulta encajan dentro de la forma de vida de las nuevas generaciones. Foto tomada de www.naplesillustrated.com

Además de la comunicación, hay que entender, igualmente, que la elaboración, distribución y venta de vino ha cambiado de manera radical, según lo recoge, en un interesante artículo, el periodista Andrew Adams, de Wines and Vines, una conocida revista californiana.

Hasta ahora, el vino se compra en el supermercado, en una tienda especializada, en un bar, en un hotel o en un restaurante. En el próximo futuro, como le señalan a Adams algunas de sus fuentes –como el director de la revista Mutineer, Alan Kropf–, predominarán otras formas de relacionamiento comercial, con un lenguaje más fresco y un apoyo fundamental de las redes sociales. Y a esto se suma la aparición de enólogos jóvenes y audaces, que elaboran vinos menos complicados.

Según Kropf, el éxito le sonreirá, finalmente, a quienes desarrollen lenguajes y productos más aptos para comunicarse con la Next Generation. “Ya no basta con hacer ‘buen’ vino”.

La apuesta de Wines of Argentina

Los enólogos del nuevo entorno son fiel reflejo de su generación. Este es Matías Riccitelli, hacedor de sus propios vinos. Foto facilitada por www.winesofargentina.org

En Suramérica, la inquietud de cómo ven los jóvenes el vino y de qué vino quisieran beberse, es el tema de fondo de la séptima edición del Argentina Wine Awards (AWA), el principal evento del país suramericano, donde un panel de doce expertos jóvenes, de once países, probarán los vinos, los calificarán y les dirán a los bodegueros cuáles etiquetas atraparán a los jóvenes.

Las profesiones los jurados incluyen periodistas, enólogos, bloggeros y smmeliers. Organizado por Wines of Argentina, el AWA contará, además, con la participación de seis jóvenes enólogos argentinos, casi todos con blue jean, barba y pelo largo, entre quienes figuran Sebastián Zuccardi, Matías Riccitelli y Matías Michelini. Sus vinos son distintos, provocadores y audaces, como los quieren los consumidores de su edad.

El AWA será un nuevo espacio de discusión para aclarar opiniones y propósitos, y enganchar a los consumidores de la Next Generation. Porque hay que asegurar que la historia del vino continúe.