La salinidad se siente en la mayoría de los vinos con influencia marítima. Foto tomada del blog www.vinography.com

En la larga historia del vino, la plantación de viñedos cerca del mar no es una novedad.  Por el contrario: ha sido una costumbre milenaria en la inmensa cuenca del Mediterráneo.

Desde la antigüedad, países como Siria, Líbano, Egipto, Creta, Grecia, Turquía y Chipre, o regiones como Sicilia, Cataluña, Cádiz, Jerez (junto con el Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda), al igual que el norte de África, han practicado la vitivinicultura de influencia marítima durante siglos.

Es más: las grandes civilizaciones del mundo asociadas con la cultura del vino, como la fenicia, la griega o la romana, tuvieron en la cercanía al mar un gran aliado: no sólo por el tipo de bebida refrescante que obtenían, sino por la facilidad que implicaba el transporte del producto a otros mercados.

Para todos estos pueblos, el vino era un medio de trueque con el que obtenían otros productos y mercancías para el diario existir. Fue mucho tiempo después cuando los viñedos se extendieron a franjas continentales.

En épocas remotas, los agricultores convivían con las enfermedades propias de las zonas costeras, como el mildiu y el moho. Estos hongos provienen de la humedad derivada de los inmensos cuerpos de agua dulce o salada que circundan a los viñedos. Muchas de estas enfermedades se han controlado con insumos industriales. Sin embargo, dado el auge alcanzado en los últimos años por los vinos costeros, el procedimiento de cura se está haciendo ahora con agentes biológicos o naturales, en aras de proteger la salud de los consumidores.

Más frescos e intensos

Leyda, en Chile, es una nuevo enclave costero para los vinos frescos y de calidad de Chile. Foto tomada de www.grandcru.com.ar

En términos muy generales, y dependiendo del cuidado del viñedo, los llamados vinos marítimos son más frescos e intensos que los elaborados tierra adentro. Esto se debe a que los climas marítimos o costeros permiten alargar los periodos de maduración de los racimos, debido a la ocurrencia de veranos cálidos en vez de calientes y de inviernos frescos en vez de fríos. Esto hace que los vinos costeros tengan un sello de identidad inconfundible.

Para hacer un mapa contemporáneo de la producción vitivinícola costera tenemos que enumerar varios países y regiones. Quizás no estén aquí todos los que son, pero estoy seguro que es una aproximación bastante cercana.

Obligatoriamente hay que que incluir a las míticas regiones de Burdeos y Loira, en Francia, donde se producen algunos de los grandes vinos del mundo. Variedades de uva tales como Moscatel, Semillón, Colombar, Ugni Blanc y Sauvignon Blanc se adaptan muy bien a las condiciones climatológicas de influencia marítima. Sus principales características son la elegancia, la suavidad y la vivacidad y la acidez natural.

Lo mismo ocurre con otros grandes vinos costeros como los producidos en Galicia (España), en las llamadas Rias Baixas. No hay nada comparable a un plato de cigalas acompañado de una buena copa de Alvariño gallego.

El caso de Estados Unidos

En las zonas de Long Island y el estado de Nueva York crece la tradición de vinos elaborados en bodegas próximas al mar. Foto tomada de www.longislandstaycations.blogspot.com

En el caso de Estados Unidos, los vinos hechos en Long Island y Nueva Inglaterra –en la costa este– han alcanzado notoriedad por sus sabores cítricos y herbáceos. Infortunadamente, son poco conocidos fuera de sus zonas de influencia. Cruzo los dedos para que, aprovechando el Tratado de Libre Comercio, algún importado local comience a explorar esos territorios.

En California, la zona vitivinícola de Carneros –que incluye partes de los afamados valles de Napa y Sonoma– ofrece climas moderados donde se elaboran vinos blancos de gran expresión, lo mismo que tintos vibrantes como el Pinot Noir. Otro dato interesante es que si bien la uva blanca Chardonnay muestra mejores resultados en áreas continentales, los Chardonnay costeros, como los de Carneros, ya han hecho un camino propio, exhibiendo facetas desconocidas de esta variedad.

Más al norte por la costa oeste norteamericana, se encuentran regiones como el Valle de

Willamette, en Oregón, célebre por sus deliciosos Sauvignon Blanc, lo mismo que por sus chispeantes y frescos Pinot Noir.

Al sur, al sur

Los viñedos de Nueva Zelanda –en sus dos islas– están rodeados de grandes cuerpos de agua. Foto tomada de www.wineclub.org

Y si vamos a países como Nueva Zelanda, nos encontraremos con que la mayor parte de la vitivinicultura practicada en este país isleño está sometida a una marcada influencia marítima. Y para ningún aficionado es un secreto que los Sauvignon Blanc neocelandeses se catalogan en la actualidad entre los grandes de la historia.

En Suramérica, y por cuenta del enólogo chileno Pablo Morandé, el mundo descubrió a finales de los años ochenta las virtudes de los vinos elaborados al otro lado en la región costera chilena. Así nacieron Casablanca, San Antonio y Leyda, distritos vitivinícolas que han logrado insertarse entre los más admirados del mundo. Igual que en Carneros, esta nueva región austral produce blancos y tintos ligeros de antología, como Sauvignon Blanc, Chardonnay, Riesling y Pinot Noir. Incluso, las bodegas han experimentado con tintos de mayor cuerpo, como Syrah y Cabernet Sauvignon, y los resultados han son muy interesantes.

Más al norte, en inmediaciones de la Serena (400 kilómetros al norte de Santiago), se producen vinos marítimos bajo la apelación del valle costero de Limarí. Y en el extremo sur están haciendo ruido los vinos de nuevas regiones como Itata, Bio Bio y Malleco. Sus blancos, en especial, son de gran  calado.

La invitación, pues, es a que, cuando encuentren en las etiquetas estos apelativos, se lancen con los ojos cerrados para descubrir los encantos de los vinos costeros, que han encantado desde la antigüedad.

Vinos costeros de la América Austral

Viña Veramonte, en Casablanca, elabora vinos de calidad a poca distancia del Pacífico. Foto tomada de www.cepas.com.co

Para los líderes chilenos del sector vitivinícola, lo que llevó a la exploración de los valles costeros fue la búsqueda de nuevos territorios, capaces de ofrecer una mayor diferenciación en los mercados de consumo.

“Las zonas frías y costeras le dan mayor frescura a la uva vinífera”, explica el ex presidente de Vinos de Chile, René Merino, en un informe sobre la nueva tendencia, publicado por el diario El Mercurio.

Otra experta consultada, María Luz Marín, de Viña Casa Marín, dice que “las menores temperaturas ayudan a que la uva se desarrolle con más fuerza y alcance una mejor frescura, lo que repercute en la producción de vinos de alto valor”.

Algunas viñas costeras chilenas incluyen nombres como Indómita, Viña Leyda,

Viñedos Córpora, Viña Montes, Viña Undurraga, Viña Errázuriz, Viña Concha y Toro, Matetic Vineyards, Casas del Bosque, Viña Casablanca, Viñedos Orgánicos Emiliana, Viña Mar y Viña Veramonte. Muchas están presentes en el mercado colombiano. Lo mismo ocurre que algunos vinos costeros de Francia, España y Estados Unidos.