Este es mi Malbec Galáctico, de El Sibarita Urbano. Fue mezclado en la Bodega Tapiz, Agrelo, Mencoza, Argentina.

Hace un par de semanas, cuando la Bodega O.Fournier, del Valle de Uco, en Mendoza, dio a conocer su proyecto de incorporar lo que llama “nuevos wine partners”, me dediqué a reconstruir información sobre las distintas formas de hacer un vino propio, más allá de tener que girar un cheque de US$150.000 para comprar una hectárea plantada, y otro por una suma similar, para levantar un pequeño chalet, y, de esa manera, estar cerca de la acción mientras los enólogos transforman sus uvas en vino. Y eso que estamos descontando los pasajes de ida y vuelta al sur de Mendoza, y los gastos afines que una excursión de esta envergadura exige.

Como no todos los amantes del vino poseen las condiciones económicas para darse semejantes lujos, hay una buena cantidad de alternativas para que usted elabore su propia bebida. Y ojo: puede llegar a producir mejores vinos que muchos de los que consiguen en el mercado.

Kit casero

Sólo falta ponerse a trabajar para obtener la primera copa. Foto tomada de www.zizzur.com

En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, existen numerosos proveedores de insumos e implementos para producir en su mismísimo garaje vinos, cervezas y cidras, entre muchas otras delicias. Y cuando hablo de insumos debo citar desde uvas frescas –esto es si vive en un país o región vitivinícola–, hasta equipos caseros de alta tecnología.

La verdad, sin embargo, es que muchos aficionados son menos exigentes, y se conforman con recipientes de plástico o fibra de vidrio, que, obviamente, son más asequibles y menos costosos. Y, claro, no obligan a pensar en vinos memorables, sino en caldos fáciles de tomar, quizá con una pasta o un asado.

Dudo mucho que en nuestras ciudades haya distribuidores de estos aparejos, pero, si usted explora en Internet, se sorprenderá con la cantidad de casas especializadas en este tipo de productos y servicios, que, sin ningún problema, se los hacen llegar hasta la puerta de su residencia u oficina.

Los implementos más sencillos son, por ejemplo, mostos concentrados. Sólo hay que utilizar la cantidad sugerida de jugo, mezclarla con agua, esperar a que se produzca la fermentación y ya está. El manual de instrucciones es tan detallado que no hay posibilidad de error.

Todos los tipos y estilos

Ya casi…Falta clarificar y estabilizar, antes de ver en la copa un vino blanco cristalino. Foto tomada de www.reallyredwine.com

Así es que cualquiera puede elaborar desde tintos y blancos, hasta rosados y oportos. El kit más barato ronda los $90.000, sin incluir costos de envío y nacionalización. El contenido le permitirá envasar treinta botellas. Y, obviamente, se necesitan corchos, etiquetas y cajas para su fácil transporte.

Ahora, si está en capacidad de comprar uvas vitiviníferas en su país, recién cosechadas, las exigencias serán mayores. El equipo requerido para este tipo de trabajo incluye prensas para estrujar la uva, recipientes de fermentación de acero inoxidable, hidrómetros, filtros, enfriadores, calentadores y un sistema de envasado. Y, claro, su etiqueta personalizada.

Los primeros resultados pueden no ser los ideales, pero el creciente interés de los aficionados ha llevado a los proveedores a mejorar sus implementos e instrucciones para lograr vinos que, muchas veces, pueden generar una percepción de valor mayor a la de muchos vinos de casas especializadas.

Ahora, si su nivel de habilidad es débil y no quiere jugar al alquimista, existen otras opciones, desarrolladas por las propias bodegas para atender la demanda de los aficionados con alma enológica.

Están, por ejemplo, los servicios de arrendamiento de viñedos y alquiler de barricas privadas para añejar el vino. Usted sólo tendrá que cubrir los costos –hasta US$3.000– y esperar a que la bodega le despache el vino a su casa. La ventaja es que su vino lo elabora un equipo profesionales, lo que garantiza el éxito de su aventura.

Si se quiere untar las manos, la viña chilena De Martino ha desarrollado un servicio llamado Mi Vino, consistente en un taller teórico-práctico para que usted elabore su vino en las instalaciones de la bodega.

Cualquier enamorado de la bebida sabe que nunca existirá nada igual al placer de hacer su propio vino. Lo único es que resta elegir el programa adecuado de acuerdo con la plata que se quiera gastar.

Mi Malbec Galáctico

Probé varias veces la mezcla final y decidí que lo esperaré un par de años.

En mi más reciente viaje a Argentina, en abril de 2012, la Bodega Tapiz abrió sus puertas a un grupo de periodistas para que cada uno pudiera mezclar su propio vino, partiendo de muestras de barrica de Malbec, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon. El reto era no sólo ensamblar variedades, sino buscar asociaciones entre fruta procedente de diferentes alturas.

Mi elección fue tomar como base un Malbec del distrito de Agrelo, en Luján de Cuyo, localizado a 920 metros sobre el nivel del mar. Opté por darle protagonismo a este componente (60% de la mezcla). Lo complementé con un Malbec (30%) de San Pablo, en Tupungato, a 1.340 msnm. Y para imprimirle un toque de taninos intensos y gran frescor de fruta negra, le agregué, al final, un 10% de Cabernet Sauvignon, también de San Pablo.

¿El resultado? Un vino de gran expresión en boca y nariz, apalancado en la jugosidad de las uvas de Agrelo y en el ácido frescor de los granos de Tupungato.

La etiqueta se la dediqué a El Sibarita Urbano, y le asigné el nombre de Malbec Galáctico. La razón es que Tupungato (uno de mis lugares favoritos en el mundo) significa, en huarpe, “lugar desde donde se miran las estrellas”.

Y, por supuesto, me sentí realizado.