Los amantes fieles y felices también tiene su propio elixir. www.monogamy.com

Los hombres y mujeres de agenda y puertas abiertas ya tienen otro cómplice. Foto de www.promisquos.com

El argentino Juan Marque, especialista en mercadeo del vino, vaticinó hace un par de años que, así como los automóviles se producen para satisfacer las aspiraciones y necesidades de distintos tipos de usuarios (hombres, mujeres, adultos jóvenes, personas maduras, conductores de la tercera edad o apasionados por los autos), los vinos también comenzarán a elaborarse según los perfiles de consumidores específicos. Las marcas abiertas seguramente no perderán vigencia en el futuro cercano, pero dejarán de interesarles a un número significativo de individuos, porque no encontrarán en ellas los atributos y experiencias que buscan.

Marque, quien lanzó sus cábalas en uno de los pocos seminarios de mercadeo del vino realizados en Latinoamérica, citó algunos casos interesantes de etiquetas que han intentado, con éxito, atraer a un tipo específico de consumidor.

Es el caso, por ejemplo, de Little Chica, producida en Estados Unidos. Esta marca aspira a encantar a los consumidores de origen hispano, sin olvidarse del bebedor anglosajón, que también está a la caza de experiencias diferentes. Creada por un español con nexos argentinos, Little Chica elabora vinos de una sola variedad o con mezclas muy sencillas. Lo hace con la intención, no de atrapar expertos, sino de promocionar la identidad hispana en un medio étnico diferente. “Nuestros vinos quieren invitarle a explorar la cultura y la herencia latinas…y la pasión que sentimos por la familia, la comida y la buena vida”. Quienes han probado el Malbec y le mezcla de Tempranillo y Garnacha de Little Chica manifiestan que es la bebida ideal para animar reuniones familiares y con amigos. Todo un acierto.

Para monógamos y promiscuos

Los fieles y felizmente casados también tiene su aliado. Foto de www.monogamy.com

Igual ocurre con otra original marca, inspirada en una rara circunstancia de la vida contemporánea. Se llama Monogamy (o monogamia) y persigue atraer a aquellos consumidores con relaciones estables y duraderas. En su publicidad, los productores así lo manifiestan de una manera simple y directa: “Cuando usted ha encontrado el amor de su vida, ¿para qué seguir buscándolo?”. Y para reforzar aún más el concepto estratégico, Monogamy ofrece apenas dos vinos: uno blanco y uno tinto, o puesto de otra forma, una figura femenina (Chardonnay) y una figura masculina (Cabernet Sauvignon), o sea, las dos partes esenciales de una ecuación monogámica.

En el extremo opuesto está PromisQuos, cuyo argumento central es resaltar el valor de la universalidad y la mutabilidad, en vez de la estabilidad tradicional. Lo que proyecta es que, si le gusta mezclarse, PromisQuos debe ser su primera opción. El pequeño portafolio está integrado por un PromisQuos Blanco, un PromisQuos Tinto y un PromisQuos Pinot Grigio, es decir, un perfecto thresome.

Un vino para machos

El recuerdo de este vino es perdurable: dientes hombrunamente manchados. Foto de www.purplecowboy.com

Y como los machos no constituyen una especie en extinción, otro vino que brilla con luz propia es el Purple Cowboy o Jinete Púrpura. Estamos hablando, no del impecable y bien acicalado metrosexual (celoso al extremo con su imagen), sino del hombre que se identifica con los instintos básicos y la bravura, y que no le importa, como lo expresa el valor de marca del producto, teñirse los dientes de un violáceo profundo al beberlo. La idea es que nadie le quite lo vivido. ¿Los nombres? Tinto Tenaz, Jinete Nocturno Merlot y Sendero del jefe Cabernet.

Y justamente la semana pasada, la multinacional Treasury Wine Estates, propietaria de algunas de las marcas más resonantes de California, Australia y Nueva Zelanda (Beringer, Château St Jean, Stags’ Leap, Étude, Penfolds y Lindeman’s, entre otras), también ha anunciado su estrategia para moverse en el nuevo territorio. El propósito es poner sobre la mesa varias opciones para diferentes estilos de vida y distintas ocasiones de consumo, en las que el vino podría reemplazarse por un destilado o una cerveza.

Para mujeres muy especiales

Las mujeres finas y delicadas también tienen su aliado. Foto de www.emmapearl.com

Es así como acaba de anunciar el lanzamiento de B. (incluido el punto), bajo la tutela de la prestigiosa marca Beringer. Es una marca enfocada en mujeres refinadas que esperan encontrar un vino estilizado, pero a la vez informal. Su modesto abanico incluye tres blancos y un rosado (Chardonnay, Riesling, Pinot Grigio y Pink Moscato).

Para mujeres más estables y moderadas, elegantes y de fina crianza, Treasury también impulsa la marca Emma Pearl, cuyo lanzamiento ha recibido gran aceptación entre las consumidoras estadounidenses. Su etiqueta azul turquesa recuerda los empaques de Tiffany, la famosa casa neoyorquina de joyas de lujo. Además de un Chardonnay delicado, Emma Pearl también invita a un suave y selecto Merlot, un tinto muy cercano al afecto femenino. ¿Su eslogan? “Descorche, pruebe y suspire”. La estrategia de comunicación incluye una selección de finas recetas de cocina.

Y para los millenials, es decir, para los hombres y mujeres nacidos entre 1980 y 2000 –comunicativos y digitales por excelencia, y, por encima de todo, informales–, Treasury lanzó Sledgehammer, que utiliza la imagen de un pesado mazo de hierro. La selección está compuesta por dos tintos: un potente Cabernet Sauvignon y un intenso Zinfandel. La publicidad dice, explícitamente, que este vino no es para beber en pequeños sorbos ni para agitarse en la copa, sino para ingerirse sin preocupación y con sentido social (como en las redes).

¿Cuál le atrae? Bueno: quizás aún estemos lejos de estos juegos de mercado, pero, tarde o temprano, seremos el nuevo objetivo.