Se producirán cambios en el peso de las botellas y en los accesorios para el consumo. Foto de Hugo Saboogal

Es tiempo de cábalas y las hay para todos los gustos. No hay civilización que pueda declararse libre de esta excitación, producida, siglo tras siglo y año tras año, por el cambio de calendario.

Nuestra vocación por hacer predicciones abarca casi todas las actividades de la vida, incluidas la producción, comercialización y consumo de vino. Tras enunciarlas, sólo nos resta esperar a que los aciertos sean muchos, y los yerros, poco. Y, claro, si no pegamos con infalibilidad en el blanco, ahí está el margen de error para salvarnos.

Dicho esto, lanzo mis anticipos y presunciones para 2012.

La tapa rosca es el mejor sistema de cierre inventado hasta ahora. Pero su acogida no es generalizada. Foto de www.bottpack.co.za

Tapones y envases. A pesar de que los mercados de consumo más evolucionados ya se acostumbraron a las nuevas alternativas y tecnologías para proteger al vino de los embates del aire y de la luz, muchos noveles adeptos y algunos veteranos seguirán resistiéndose a aceptar los nuevos cierres y envases, como la tapa rosca, los tapones de silicona y las botellas de menor peso. Lo cierto es que los productores incrementarán el uso de estos implementos para bajar costos, unirse a la ola ambientalista y evitar la devolución de producto por oxidaciones tempranas o contaminaciones no deseadas.

El retorno del vaso. Inspirados por razones similares a las anteriores, muchos fabricantes de copas han comenzado a sacar versiones sin tallo, es decir, recipientes similares a los vasos. Gran cantidad de restaurantes y bares en el mundo han adoptado la tendencia. Curiosamente, los consumidores no han presentado mayor resistencia.

Portafolios saludables. Con la toma de conciencia de la población de ingerir productos alimenticios más saludables, el consumo de vinos orgánicos y biodinámicas crecerá de manera considerable. Son productos provenientes de uvas naturales, sin ningún tratamiento químico en el viñedo.

Los consumidores han manifestado su interés en vinos con menores grados de alcohol. Foto de Hugo Sabogal

Bajos niveles de alcohol. Tradicionalmente, los vinos europeos, como resultado de condiciones climáticas moderadas, poseen niveles de alcohol relativamente bajos, que fluctúan entre un 12% y un 14% de alcohol por volumen. Son porcentajes ampliamente aceptados. Los vinos de los países del Nuevo Mundo, como consecuencia de su abundante radiación solar, casi siempre están por encima de 14% y, algunas veces, cercanos al 15%. Ante los constantes exigencias del mercado, los productores harán esfuerzos para moderar el tenor alcohólico y entregar vinos más frescos y frutados, y menos calóricos.

Avalancha de marcas y lugares de procedencia. Tras la implementación de los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, Colombia, en particular, se verá asediado de vinos procedentes de estos dos lugares de origen. Hasta hoy, estos productos están sometidos a aranceles del 25 por ciento para poder ingresar al mercado local. En cambio, Chile y Argentina no pagan ese tributo debido a la vigencia de acuerdos bilaterales. Este fenómeno favorecerá a los consumidores –quienes tendrán así una oferta más rica y variada–, pero afectará los ingresos de muchas casas importadoras en razón de la entrada de nuevos jugadores, que se disputarán una torta todavía pequeña.

Igualmente, la mayor oferta forzará los precios hacia la baja y reducirá las utilidades de muchos comercializadores, que, por años, trabajaron con márgenes más altos. Se han conocido extremos en los que un restaurante compra vinos a menos de 20.000 pesos y los vende a 90.000 pesos. Ese mismo vino, en otro expendio, no supera los 40.000 pesos.

Fusiones y adquisiciones. Razones económicas y de mercado como estas llevarán a pequeñas casas importadoras y comercializadores a unirse para poder sobrevivir.

Tiendas especializadas. Alrededor del 80 por ciento de las ventas de vino en los países de consumo se realizan en supermercados. El resto se reparte en restaurantes, bares, hoteles y tiendas especializadas. La oferta de un mejor servicio y las dificultades de movilidad seguirán impulsando el establecimiento de tiendas especializadas, más cerca del trabajo y de la casa.

Nuevos espacios para el disfrute del vino estarán a la orden del día. Foto de The Wine Experience.

Nuevos espacios. Desde México hasta Perú, los bares de vinos se multiplicarán, lo mismo que los eventos y festivales masivos para el disfrute de la bebida.

Impuestos en alza. Un factor preocupante para el sector –y que incidirá en el precio de venta al público—es la tentación de los gobiernos de elevar los impuestos de consumo para pagar por sus desbordados costos de salud y educación, muchas veces causados por una corrupción desbordada. En varios países latinoamericanos se ha castigado la venta de vino de manera agresiva, pese a que su ingesta es saludable, si se consume con moderación.

Sin duda alguna, hay otras manifestaciones en proceso de gestación, pero las anteriores previsiones constituyen el hilo conductor de lo que ocurrirá en el mundo del vino en el año que comienza. Pero a pesar de los remezones, la cultura no dará marcha atrás.

La carta de vinos y los menús están tomando ahora forma digital. Foto de www.ifthen.com

Otros anticipos

La tecnología irá apoderándose gradualmente de los menús de comida y de las cartas de vino. Las tabletas, por ejemplo, serán la nueva opción, brindando información más completa sobre las opciones brindadas. La descripción simple y escueta será cosa del pasado. En algunos casos, podrá ordenarse desde el mismo dispositivo.

Igualmente, aparecerán numerosas ofertas para ir de viaje con el exclusivo propósito de visitar viñedos o de comer y pasarla bomba. Este tipo de turismo va en alza y asegura buenos tiempos para quienes tienen algo interesante que brindar.