Antes de la compra, deberá haber tenido que contestarse unas pocas preguntas clave. Foto tomada de www.health.com

Nunca le van a faltar invitaciones para ir a cenar a la casa de un amigo o de una tía, ni pocos serán los momentos cuando tendrá que elegir como regalo una botella de vino.

Quizás la recomendación más importante es que, en lo posible, ese presente debe reflejar, de alguna forma, el gusto o preferencias del destinatario. Y si se lleva como aporte a alguna celebración, debe asegurarse de encajar con el espíritu o propósito general de la reunión.

Por ningún motivo lleve un espumante, blanco o rosado a baja temperatura. El mensaje es inequívoco: o no se tomó la molestia de sorprender al anfitrión –sino que echó mano de la primera botella que encontró en el refrigerador– o, simplemente, está sugiriendo que la abran al momento de su llegada.

El vino siempre constituye un buen presente porque, ante todo, es fácil de transportar, transmite alegría y, dependiendo de su lugar de compra, ofrece un amplio abanico de posibilidades. Muchos pueden creer que, precisamente por esta peculiaridad, la búsqueda corre el riesgo de hacerse larga y aburrida, o, peor aún, generar una innecesaria carga de ansiedad. Pero no se preocupe.

Supongamos que usted no es un experto. En tal caso, diríjase a una tienda especializada y solicite ayuda. Por lo general, estos lugares cuentan con sommeliers o vendedores profesionales, precisamente para que los clientes salgan satisfechos. Los únicos parámetros que debe entregarles es un rango de precio, el propósito del regalo y un par de datos sobre el estilo o gustos del dueño de casa. Con estos datos a la mano, el dependiente seguramente le ayudará a encontrar la elección más acertada.

Viejo Mundo vs Nuevo Mundo

Una consideración importante es el precio, en especial si en su mercado los vinos importados de distintas regiones tienen impuestos variables. Foto tomada de www.missiesliquor.com

Si su presupuesto es limitado, quizá deba descartar los vinos europeos. Esto se debe a que, en la mayoría de los casos, estos productos pagan altos aranceles de importación y su precio al consumidor final termina siendo elevado.

En cambio, la oferta de países del Nuevo Mundo, como Chile o Argentina, se ajusta a la mayoría de los bolsillos, incluyendo algunas de sus marcas más reconocidas. Aunque algunos vinos de estas dos procedencias son costosos, los demás brindan una buena relación calidad-precio y nunca defraudan. Igualmente, puede preguntar por novedades de otras zonas de origen como California, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Uruguay.

Trate de sorprender

Una variedad de uva poco conocida siempre genera una agradable sorpresa. Foto tomada de www.worldmarket.com

Es sabido que el mercado es pródigo en materia de vinos tintos. Es muy común encontrar una generosa cantidad de Cabernet Sauvignon y Merlot. Traté, entonces, de sorprender con cepas como Syrah, Malbec, Carmenénère, Bonarda, Tempranillo, Garnacha o un vino de mezcla. En el caso de los blancos, elija cepajes como Semillón, Riesling, Pinot Grigio, Torrontés, Gewürztraminer, Chenin Blanc, Verdejo o Viognier para romper el molde del Chardonnay o del Sauvignon Blanc.

Si el calibre del anfitrión así lo exige, el Viejo Mundo nunca defrauda. Pero aquí se requiere de mayor conocimiento, tanto de su parte como de quien le asesore. A diferencia de los vinos del Nuevo Mundo, que se conocen por la variedad de uva –y, quizás, por el nombre de su productor–, los del Viejo Mundo se escogen por su punto de origen: Burdeos, Borgoña, Alsacia, Rioja, Ribera del Duero, Priorato, Duero, Toscana, Veneto y una infinidad de otras denominaciones de origen. Cada lugar es distinto desde el punto de vista del clima y del suelo, amén de las variedades autóctonas utilizadas para su elaboración. Si su conocimiento es precario en este campo, busque ayuda. Y si tiene que dar pistas para reducir el tiempo de selección, opte por Burdeos, Rioja o Toscana, y por un nivel de precio medio o medio alto. Nunca se equivocará.

Por otro lado, siempre tenga en cuenta que un champán, cava o espumoso sugieren regocijo y celebración, y, por esta razón, siempre deleitan. Eso sí, cuídese de los productos de bajo precio, porque están dirigidos a nichos populares. Son de baja complejidad y, en consecuencia, no generan una buena impresión.

Nunca descarte la posibilidad de llevar un vino de cosecha tardía. Es cierto que se trata de una bebida para el postre, pero, por lo mismo, muestra un alto grado de originalidad, porque, por lo general, nadie piensa en ellos. Y ojo: no son vinos excesivamente baratos.

Otros parámetro interesante es optar por vinos informales o entretenidos o por inesperadas sorpresas. En el primer caso, considere un Prosseco italiano, que, sin ser un espumoso, tiene un porcentaje suficiente de gas carbónico para hacerlo interesante. En el segundo caso, lleve un vino orgánico, biodinámico, austríaco o alemán, porque demostrarán su interés por salirse de lo común. Y eso no está mal.

La pregunta del millón

Foto tomada de www.lacavedefang.com

¿Espera que abran la botella en su presencia porque, quizás, ha invertido un buen dinero en ella o sospecha que sus anfitriones sólo descorcharán bebidas de bajo costo? O más complicado aún: ¿regalará un vino que usted mismo nunca ha probado? Lo admito: estos son interrogantes que siempre están o han estado en la cabeza de todos nosotros.

Pero la respuesta es sencilla: un regalo es un regalo, y usted no puede decidir cómo y cuándo deben compartirlo. Lo mejor es olvidarse del asunto, sentir que hizo lo correcto y disfrutar de la velada.

Pero puede darse el caso de que el anfitrión le haya pedido, con anterioridad, llevar lleve algo específico para la comida. En tal caso, tendrá una buena oportunidad de lucirse y, además, de disfrutar una copa de su propio regalo.

Si la confianza se lo permite, llame con antelación al dueño de casa y ofrézcase a aportar una botella apta para la cena. Eso tampoco está mal.