El auge de las medias botellas, en Argentina. Foto de www.planetajoy.com

Debo confesarlo: no he sido muy dado a comprar u ordenar medias botellas de vino. Me dan la sensación de que debo restringirme, y, en esas circunstancias, mi disfrute se torna incompleto, máxime si debo compartirlas con otros. A lo sumo, las medias botellas contienen, por unidad, unas tres copas de tamaño normal. No se necesita ser matemático para descubrir que, entre dos personas o más, alguien se va a quedar sin repetir. Y resulta incómodo continuar una buena experiencia gastronómica a punta de agua.

Sin embargo, las disfruto cuando salimos a cenar en familia y los dos adultos de la casa nos tomamos media botella de espumante o cava como aperitivo o edecán de la entrada. En el fondo tenemos el consuelo de que, después, pasaremos a la botella completa para acompañar el plato principal y, quizás, el postre.

La media botella (de 375 mililitros) también cumple una función práctica cuando la esposa o la pareja prefiere tomar jugo de mandarina con su comida. En tales circunstancias, una botella sería demasiado para la otra persona. Igualmente, termina siendo muy apropiada si luego hay que conducir responsablemente a casa.

La otra razón por la cual no me entusiasman las medias botellas es porque, en la mayoría de los casos, el líquido interno es tenue y poco excitante. Los productores, por lo general, prefieren envasar sus mejores y más renombradas etiquetas en botellas completas de 750 mililitros, o en envases Magnum, de un litro y medio. Según ellos, el tamaño del frasco ayuda a proteger el contenido: entre más grande el recipiente, mayor protección, y entre más pequeño, todo lo contrario.

En los últimos tiempos, sin embargo, he detectado una progresiva tendencia (tanto en Estados Unidos y Europa, como en los países productores del sur del continente) que apunta hacia un crecimiento importante en la demanda de las medias botellas e, incluso, de los cuartos de botella (187 mililitros). La explicación es una serie de cambios importantes en los hábitos de consumo. Y debo admitir que muchos de ellos tienen sentido.

Un tamaño ideal para personas solas y exigentes

Amalaya es una de las marcas de prestigio del grupo internacional The Hess Collection.

Es el caso de los comensales solitarios. Encuestas realizadas en las grandes capitales internacionales indican que cientos de miles de personas han decidido no tener pareja permanente, pero, igual, salen a disfrutar de almuerzos y cenas (y de un buen vino), sin compañía. Están también los viajeros de trabajo que, al carecer de amistades en sus sitios de destino, se lanzan a explorar, por su cuenta, los mejores lugares para comer. Asimismo, las personas que viven solas constituyen un grupo de población en aumento. Al regresar a casa se preparan algo delicioso y lo acompañan con un par de copas de vino, sino tener que abrir una botella completa.

Otros comensales –estos si en grupo– están comenzando a aprovechar la oferta de los llamados menús de degustación (de seis platillos o más), que exploran una amplia gama de sabores y preparaciones y que, por lo mismo, obligan a probar varios tipos de vinos y estilos durante la velada. Y nadie pone en duda que beberse seis medias botellas no es lo mismo que seis botellas completas.

Muchos de ustedes dirán que la otra opción es pedir el vino por copa. Y tienen razón. Pero la verdad es que el fenómeno de las medias botellas representa, precisamente, una evolución del sistema de vino por copa.

A la par con estos nuevos desarrollos he notado que, contrario a lo que ocurría antes, los productores del Viejo y del Nuevo Mundo están comenzando a envasar, en pequeños recipientes, algunos de sus mejores vinos y marcas. Y esto es algo interesante.

De hecho, han surgido cartas de vinos paralelas dedicadas solamente a las medias botellas, con más de 70 referencias. De la misma manera, numerosas tiendas especializadas y supermercados han asignado áreas a esos productos, donde exhiben una gran multiplicidad de tintos, blancos rosados y espumantes, de distintos orígenes y variados precios. Entre estos se encuentran ejemplares famosos, que, al estar embotellados en envases más pequeños, simplemente valen menos. Por ejemplo: una botella completa del famoso vino californiano Opus One cuesta, en un famoso restaurante de San Francisco, 295 dólares. La media botella, en cambio, no pasa de los 120 dólares. Pero la mayoría de las medias botellas oscila entre los 8 dólares y los 40 dólares, en restaurantes.

Una tendencia que regresa

Espumantes como Chandon fueron los primeros en iniciar la tendencia, hacia los años 50.

Las medias botellas, hay que reconocerlo, no son un fenómeno reciente. Existen desde los años cincuenta, cuando el valor del champán francés hacía imposible pedir una botella completa por razones de precio. Su uso también se extendió a bordo de muchas aerolíneas, pues les evitaba los sobrecargos estar yendo y viniendo por los pasillo ofreciendo una segunda copa. Y la hotelería también las acogió como oferta fundamental para el minibar.

Al final, se trata de un equilibrio entre precio y conveniencia. Es cierto que en nuestros mercados la presencia de medias botellas es limitada y no incluye grandes nombres, pero ya se percibe un cambio significativo, que cualquiera de ustedes puede confirmar cuando vaya la próxima vez a un hotel o restaurante. Y se llevará una buena sorpresa.

No es barato hacerlas

Varios productores y comercializadores de vinos en medias botellas revelan que, contrario a lo que muchos consumidores piensan, las medias botellas no representan ahorros en los costos de producción. Igual, deben comprar mayores insumos de botellas, etiquetas, corchos, cápsulas y empaques de cartón. Y dicen que el precio de estos materiales no varía de manera importante frente a los que ellos mismo utilizan para las líneas de botellas completas. Sin embargo, reconocen la validez de quienes quieren consumir mejor, pero no necesariamente en mayores cantidades.