Hans Vinding Diers: un genio jovial. Foto de Hugo Sabogal

La primera vez que lo ví, venía envuelto en una nube de polvo. Su 4×4 se acercaba a gran velocidad hacia Noemía, una bodega ubicada en uno de los sitios más aislados de la Patagonia. Allí lo esperábamos junto a Noemí Marone Cinzano, su novia y socia.

Al iniciar el nuevo milenio, Noemí había descubierto junto con él la zona del Valle Azul, en el Alto Valle de Rionegro, tras una larga búsqueda de viñedos antiguos por los territorios del sur.  Ambos soñaban con producir un Malbec de carácter patagónico, que pudiera rivalizar con los más grandes vinos del mundo.

Valle Azul es un territorio apartado, en la mitad de la nada: no hay allí poblaciones cercanas, ni animales domesticados, ni telefonía, ni electricidad. Y esto hace que visitar Noemía sea toda una aventura.

La bodega está ubicada al sur de Buenos Aires, a 998 kilómetros de distancia. Hay que llegar primero por avión a Neuquén y después recorrer, por vía terrestre, unos 100 kilómetros hasta llegar al lugar. Allí se levanta una pequeña bodega y una cómoda casa, hecha al mejor estilo patagónico, con un techo a dos aguas, sostenido por el gigantesco tronco de un árbol antiguo.

Noemí, la fuente inspiradora

Noemí Marone Cinzano está atada a las grandes familias italianas del vino. Foto de Hugo Sabogal.

Fue precisamente en el gran salón donde nos recibió Noemí, acompañada de un cocinero y dos meseros italianos, vestidos con impecables casacas blancas. En sus manos sostenían bandejas de plata y varias copas de un refrescante espumante italiano. Afuera corría el viento y dentro viajaban por aquel sorprendente espacio las notas de una ópera de Verdi.

Al preguntar por Hans, nos contó que estaba a punto de llegar y nos invitó a salir y esperarlo. Tras bajarse de su camioneta, nos saludó con un fuerte apretón de manos. Hans Vinding-Diers se ha convertido en uno de los enólogos más respetados y admirados del mundo. A su cuidado está la elaboración de A Elisa, J. Alberto y Noemía, los tres célebres vinos de la bodega. Son joyas por donde se les mire y se les sienta.

Hans ha logrado extraer del Malbec sus intensas notas frutadas, envolviéndolas en un halo de impresionante elegancia. Su habilidad como enólogo no ha sido improvisada. Nació hace 38 años en el distrito vitivinícola de Stellenbosch, en Sudáfrica. Pero aún niño, su padre, el también enólogo Peter Vinding-Diers, los llevó a vivir él y a su familia a la zona de Graves, en Burdeos, donde era dueño de dos famosas casas productoras de la zona: Château Rahoul y Château de Landiras. El destino de Hans, sin duda, estaba marcado por el vino. Tras formarse y crecer, salió a recorrer el mundo, asistiendo a vendimias en Australia, Chile, Uruguay, Sudáfrica, Portugal y España. En este último país trabajó el lado de su primo, Peter Sisseck, dueño de la bodega Pingus, en la Ribera del Duero. Cabe decir que Pingus es el vino español mejor cotizado en el mundo.

Milagro en Valle Azul

La pequeña e impecable bodega Noemía está perdida en la infinita inmensidad del desierto patogénico. Foto de Hugo Sabogal

Terminó en Argentina –un país que ama– por pedido de la centenaria bodega de Humberto Canale. Allí estuvo al frente de la transformación de Canale y en el desarrollo de nuevas etiquetas y nuevos estilos. Fue entonces cuando conoció a Noemí, cuya familia había vendido la célebre marca Cinzano al Grupo Campari. Plata en mano, Noemí estaba buscando un lugar en el mundo donde pudiera continuar su larga tradición vitivinícola, que incluye la propiedad de la bodega Argiano, en la Toscana. Además, Noemí, una condesa de carne y hueso, es prima de los Antinori, que hacen vinos desde el siglo XIII.

Sólo fue cuestión de tiempo para que un primo de Noemí visitara el Valle Azul, conociera a Hans y decidiera, también, establecerse en esa hermosa. Su nombre es Piero Incisa de la Rochetta, cuyo abuelo, el marqués Mario, fue el creador de Sassicaia, uno de los más insignes vinos de la península itálica. Piero incorporó a Hans para ayudarle a producir un Pinot Noir que hiciera historia. Y así fue como nacieron Bodega Chacra y sus vinos Barda, Chacra 55 y Chacra 32, nuevos estandartes patagónicos desde su primera cosecha.

Tanto Noemía como Bodega Chacra han saltado a la fama gracias al trabajo de Hans, y hoy ostentan elevadas posiciones en los ranking internacionales del vino.

Hans quería ser, inicialmente, director de teatro, pese a su conexión ancestral con el mundo del vino. Pero su contacto con figuras de la talla del australiano Murray Tyrrell, Peter Sisseck, Nicolás Catena y su padre, Peter, le mostraron cuál era el camino: el vino.

Sus raíces ya están atadas a la profundidad de la tierra patagónica, que idolatra por “su singular belleza, por su infinidad de grandes terruños para el vino, por la pureza del agua, por sus largas horas de sol, por sus contrastes en las temperaturas del día y la noche, por la sanidad de sus uvas, por el amor de los argentinos por el vino y por el calor de los argentinos hacia los demás”.

Desde Argentina, Hans seguirá escalando posiciones y continuará elaborando vinos notables pero escasos. No son baratos. Pero siempre habrá forma de compartir su costo con otros amantes de la milenaria bebida.

Ranking de los vinos elaborados por Hans Vinding-Diers, según The Wine Spectator

 Bodega Noemía de Patagonia

Valle de Río Negro (Valle Azul)

Cosecha 2006                  95 puntos

Cosecha 2004                  94 puntos

Cosecha 2003                  93 puntos

Cosecha 2002                  93 puntos

Cosecha 2001                  94 puntos

 

Bodega Chacra

Valle de Río Negro

Chacra 32, cosecha 2006                  92 puntos

Chacra 32, cosecha 2005                  93 puntos

Chacra 32, cosecha 2004                  92 puntos