Lo confieso sin sonrojarme: mi consumo de vino más frecuente gira en torno al rosé (o rosado, si queremos ser más castizos). Es el vino perfecto para cualquier momento y combina con la mayoría de los platos que servimos a diario. También es ideal para conversar y pasar el rato. Pero lo más importante es su adaptación al trópico, donde los calores repentinos (en las alturas de los Andes) o constantes (en las planicies o zonas bajas) siempre invitan a una bebida sencilla y refrescante.

De manera que cuando el Grupo Éxito, organizador de Expovinos 2011, abrió sus puertas al público el pasado jueves 16 de junio, estaba todo preparado para que los visitantes se encontraran con secciones dedicadas a ampliar su conocimiento de los vinos rosados y espumamantes. Sin duda, fue una de esas increíbles oportunidades en las que, en un mismo lugar, se dieron cita ejemplares europeos y del Nuevo Mundo, permitiéndonos entender las diferencias entre procedencias y estilos. También le permitió al espumante demostrar que no se le debe ver, exclusivamente, como un vino de celebración, sino, incluso, de todos los días.

Magia rosada

Sin meternos en honduras técnicas, hay dos formas básicas de elaborar un rosado. La más convencional y difundida es la de prensar racimos de uvas tintas y dejar que el jugo entre en contacto con las pieles u hollejos (donde se concentra el color):  pocas horas para lograr matices ligeros o largas duraciones para una mayor concentración cromática. También se recurre la práctica de teñir los blancos con una determinada cantidad de vino tinto. El primer sistema genera sensaciones secantes y refrescantes en boca, y el segundo, más dulzonas.

Yo prefiero los primeros por la sencilla razón de que los rosados deben ser tintos ligeros y schispeante y no blancos teñidos de carmesí.

En cuanto a  la combinación de platos con vinos rosados, la gama es amplia: arroces, pastas con tomate, pizzas, pescados ligeros, carnes blancas y rojas (no muy intensas), hamburguesas, quesos blancos y ensaladas. La temperatura de servicio oscila entre 10º y 14º: ni muy fríos como los blancos, ni muy tibios como los tintos de cuerpo.

No hay nada escrito sobre cuáles son las mejores variedades tintas para producir un buen rosado. Pero es justo reconocer que las uvas más admiradas y mejor calificadas provienen del sudeste francés, en particular de la región de La Provenza. Allí utilizan, por ejemplo, cepajes como Grenache y Mourvèdre. En otras regiones francesas los elaboran con Pinot Noir, Gamay y Cabernet Franc. En España, buena parte de los rosados se hacen con cepas tintas como Monstrell, Garnacha y Bobal. Y en el Nuevo Mundo se producen rosados con Merlot, Tannat, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

Las sensaciones aromáticas y gustativas generadas por un rosado sugieren frutas rojas como fresas, frambuesas y cerezas rojas, con algunos toques herbáceos muy ligeros.

En Expovinos se brindaron rosados franceses, españoles, portugueses, argentinos, chilenos y australianos, entre otros. También se pudieron apreciar distintos orígenes y estilos (rosés ligeros y rosés más intensos). Cuando uno prueba rosé, nunca hay marcha atrás.

Cascada de burbujas

Otra sorpresa de Expovinos 2011 fue su sección de espumantes. La apuesta del Grupo Éxito es convertir a este tipo de vino en algo más cotidiano y no en un producto solamente de celebración. La verdad es que los espumantes son compañeros óptimos en la mesa, y pueden emparejarse con entradas, platos fuertes y postres. El secreto está en el grado de dulzor.

La característica principal de un espumante –que puede ser blanco, rosado o tinto–es la presencia de burbujas, las cuales producen en el paladar una sensación fresca y penetrante. Los espumantes son el resultado de una segunda fermentación en botella (método tradicional) o en grandes cubas (método charmat). El gas carbónico atrapado en esos recipientes se convierte en burbujas.

Igualmente, siempre resulta útil memorizar esta diferenciación: Champán solamente puede llamarse al vino espumoso producido en la región de la Champaña, en Francia. En otras zonas de este país europeo, como Loira, se le denomina Cremant. En Italia, Asti, Moscato d’Asti o Prosseco; en España, cava; en Estados Unidos, sparkling, y en otros países hispanoparlantes, espumante o espumoso. Se puede consumir solo y es un excelente aperitivo.

Como complemento de la gastronomía, el espumante es muy versátil. Debido a su mezcla de alta acidez y presencia de azúcar residual funciona con una larga lista de preparaciones: desde un salmón ahumado o al vapor hasta la más especiada comida italiana o tailandesa.

Al abrir un espumante recuerde que el manejo de la temperatura es fundamental. Es preferible servir las copas (tipo flauta) entre 6 y 8 grados centígrados. De esta manera, el vino conservará su acidez y sus burbujas.

Ahí tiene: dos tipos de vino con un gran atractivo y potencial, que deben descubrirse y disfrutarse, al lado de los ya tradicionales vinos tintos y blancos.

Secretos del champán

En la región de Champaña, en Francia, el vino espumante se elabora, por lo general, con tres variedades: una blanca y dos tintas. Ellas son, en su orden, Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Ahora, si un champán o espumante se prepara solamente con Chardonnay u otra variedad blanca, se le denomina Blanc de Blancs. Si utiliza cepajes tintos exclusivamente, recibe el nombre de Blanc de Noirs. En algunos casos, como la marca argentina Alma 4,, de Sebastián Zuccardi, el espumante puede llegar completamente tinto. Es una rareza bien especial.