John Duval y Felipe Tosso

Enólogos de Viña Ventisquero, de Chile

Tengo la sensación de que el dúo dinámico de John Duval y Felipe Tosso (el primero, australiano, y el segundo, chileno) va a dejar una honda huella en la enología internacional. Son hombres  exigentes e intransigentes, de personalidades firmes y rigurosas, pero, ante todo, enamorados de su arte de hacer vino en una forma de simbiosis parecida a la que viven la vid y la tierra en la naturaleza. En su relación profesional no hay lugar para intrigas ni envidias. Cada cual aporta lo suyo a la hora de elaborar un vino a cuatro manos, y los resultados son sorprendentes.

Como ocurre con algunos hechos memorables de la vida, el trabajo conjunto de Duval y Tosso (o de Tosso y Duval) se originó por casualidad. Un día, al estar revisando una de sus fuentes de información favoritas, Tosso, quien ya era el enólogo-jefe de Viña Ventisquero, en Chile, se encontró con la noticia de que Duval había abandonado la famosa bodega Penfolds, y estaba libre de compromiso. Acostumbrado a pensar que no hay nada imposible, Tosso sugirió a los dueños de Ventisquero que llamaran a Duval y le propusieran trabajar juntos. Si mucho, les diría que no.

Al australiano le gustó la invitación, y aceptó (en parte, porque uno de sus amigos suramericanos era el enólogo chileno Aurelio Montes, también asesor de la bodega) .

Desde hace casi seis años, Duval y Tosso se han dedicado a analizar cada palmo del viñedo y cada etapa del proceso de elaboración de los tres vinos insignia de Ventisquero: Grey, Vértice y Pangea. Su meta, por supuesto, era llevarlos al estrado donde se encuentran aquellos vinos de nunca olvidar.

Pero antes de entrar en el complejo universo de cada uno de estos vinos, vale la pena fijarse en la trayectoria de sus protagonistas.

Tosso, Duval y su equipoDuval, toda una leyenda

John Duval nació en Adelaida, la principal ciudad de Australia meridional, situada, en el extremo sur, sobre el Océano Índico. Proveniente de una familia dedicada al levante de ovejas y a la producción de uvas para la industria vitícola, Duval estudió agricultura y enología en la Universidad de Adelaida. Inspirado por grandes figuras australianas del vino como Max Schubert y Don Ditter, sintió siempre gran admiración por la legendario bodega Penfolds, donde Schubert creó el mítico Grange. Predestinado a trabajar allí, Duval desempeñó el cargo de enólgo-jefe de Penfolds durante 29 años, hasta su retiro, a comienzos del nuevo milenio.

Duval y sus vinos han obtenido numerosos reconocimientos internacionales, pero quizás el apelativo que mejor lo define es el de “gran señor del Syrah”, la variedad tinta originaria del valle francés del Ródano, pero que en Australia ha mostrado su pleno potencial. Desde su retiro de Penfolds, Duval lanzó su propia línea de vinos, pasó a integral la original bodega estadounidense Long Shadows (Largas Sombras, en el estado de Washington), donde confluyen, con vinos de autor, algunos de los grandes enólogos mundiales, como Michel Rolland y Agustín Huneus, entre otros.

Algunos de los vinos de Ventisquero

Felipe Tosso, por su parte, estudió agronomía (con especialización en enología) en la Universidad de Chile, e inició su carrera en la Viña Concha y Toro, donde rápidamente se apasionó por la variedad Carménère. A Tosso se le atribuyen algunos de los mejores vinos hechos en Chile con esa variedad. Después de cumplir su ciclo en esa gran bodega, aceptó el reto de iniciar el proyecto de Ventisquero, a finales de los años noventa. Con campos en varias zonas productoras, Ventisquero logró hacerse a una franja del cerro de Apalta, de donde provienen algunos de los mejores vinos chilenos de la última década, como Montes Alpha, Montes Folly y Clos Apalta (de Casa Lapostolle), entre otros pocos. Como ocurre con la histórica zona de Romaneé Conti, en Borgoña (Francia), Apalta sólo hay una, y esta condición privilegiada les permite a las bodegas localizadas allí sacar partido a ese nombre.

El gran Pangea, de Duval y Tosso

Si algo caracteriza a Apalta es la excelencia de la uva Syrah, que, según el crítico inglés Tim Aitkins, se está convirtiendo en uno de los nuevos ejes de los vinos tintos chilenos. Y nada mejor que tener al “Señor del Syrah” de su lado. Tosso y Duval comenzaron a trabajar en el mejoramiento y elaboración de tres Syrah de alta gama, que reflejaran el terreno de Apalta y sorprendieran por su complejidad. Esos vinos son Ventisquero Grey, Vértice y Pangea (el nombre Pangea alude al gran continente del cual nacieron todos los demás).

Grey también ofrece Cabernet Sauvignon, Carménère, Merlot y Chardonnay, pero el Syran brilla con luz propia: suculenta fruta negra madura, especias dulces, y recuerdos a vainilla y a café tostado. Es un vino bien armado, que produce jugosidad en el paladar y un grato y sedoso final.

Vértice es una mezcla de Syrah y Carménère, que también nació, como la relación de trabajo entre Duval y Tosso, de manera fortuita. Tras una larga jornada de trabajo, Duval mezcló las dos variedades mientras Tosso tomaba un poco de aire afuera. A su regreso, le dio a probar a Tosso, quien quedó impresionado. Pero Duval no le dijo de qué se trataba sino hasta mucho tiempo después. Vértice, que transmite la unión de dos líneas (Tosso y Duval) y dos variedades (Syrah y Carménère), logra transmitir una compleja fusión de frutas negras maduras, pimienta y toques a vainilla. Es suave y equilibrado, y deja una sensación de agradable plenitud.

Pangea, por su parte, trata de reflejar el mejor trabajo de Duval y Tosso en su comprensión del Syrah y de su potencial en Apalta. Es un vino al que no le sobran ni le faltan atributos, trasmitiendo fielmente los rasgos tradicionales del Syrah como las frutas negras y las notas especiadas. Su paso por finas barricas de roble francés le entrega un toque de elegancia y discreción, con un potencial de guarda de 20 años.

Después de conocer recientemente a Duval y Tosso en Bogotá (para ambos era su primera visita a Colombia) me queda claro que, de las muchas alianzas entre enólogos criollos y estrellas internacionales, ésta es una de las menos ruidosas, pero más efectivas. Ambos han preferido dejar que sus vinos tomen la palabra.