Las nuevas propuestas hacen más interesantes las experiencias para los consumidores.

Reconozco que algunos de nosotros todavía estamos muy amarrados a los archiconocidos cepajes tintos suramericanos, con los cuales nos hemos hecho adultos en esto del vino. Hablo, sin duda, del Cabernet Sauvignon, del Merlot, del Malbec y, en cierta forma, del Syrah y del Pinot Noir.

En los últimos dos años, he estado siguiéndoles la pista a varios productores del Cono Sur, y he podido constatar que, a ambos lados de la Cordillera de los Andes, hay un genuino deseo de explorar otros caminos.

Es indudable que las variedades más emblemáticas han hecho mucho por la vitivinicultura de los dos países, pero también resulta cierto que un portafolio tan limitado puede llegar a ser bastante aburrido y riesgoso.

Por fortuna, ya son muchos los casos de vinos argentinos y chilenos elaborados con Bonarda, Cabernet Franc, Carignan y Petit Verdot, entre otras variedades tintas. Y los resultados son gratamente sorprendentes.

Para sacar adelante estos proyecto, ha resultado imperioso plantar pequeños viñedos de experimentación en alturas y latitudes variadas, y, obviamente, en distintos suelos, para estudiar el comportamiento de las plantas en condiciones climáticas, geológicas y geográficas diferentes.

Tras superar adversidades y sinsabores, podemos dar un parte de éxito y afirmar, sin vacilaciones, que ya se ha configurado un importante cuerpo de conocimiento para establecer, con mayor exactitud, en qué lugares y en qué condiciones estos cepajes entregan sus mejores expresiones aromáticas y gustativas.

El reencuentro con la Bonarda

Empecemos por la Bonarda. Estamos aquí ante la segunda variedad más plantada de Argentina, pero que, durante décadas, fue utilizada como componente de vinos corrientes, gracias a su vigor y a su aporte de color y notorios aromas frutales. Se originó en el norte Italia, donde existe toda una compleja discusión acerca de su verdadera procedencia.

Gracias al trabajo de varios viticultores argentinos, orientados a controlar el vigor de la parra, lo mismo que a manejar sus tiempos de cosecha, se ha podido obtener un vino de buen cuerpo y color, de seductores aromas frutados, y de un interesante toque licoroso, que le da profundidad en boca. Además, tras su añejamiento en barricas de roble francés, adquiere agradables sensaciones de equilibrio y elegancia.

Entre los Bonarda mejor calificados figuran Alma Negra, de la bodega Tikal, de Ernesto Catena; Ema y Serie A, del grupo Familia Zuccardi; Chakana, Domados, Lamadrid, Tapiz, Argento, Santa Ana Reserve, Valle de la Puerta Alta, Nieto Senetiner Partida Limitada y Joffré e Hijas.

Los encantos del Cabernet Franc

El Cabernet Franc ha formado parte de la bodega Humberto Canale, la dama centenaria de Rio Negro, en La Patagonia.

Otra buena sorpresa corresponde a vinos argentinos y chilenos hechos con Cabernet Franc, esa uva clásica de Burdeos que siempre se la ha utilizado como compañera inseparable del Cabernet Sauvignon. Elaborada como variedad única, la Cabernet Franc se distingue por sus elegantes toques aromáticos a especias dulces y frutas rojas, y su gran suavidad en boca, gracias a la predominancia de taninos finos.

A destacar, por el lado argentino, están los Cabernet Franc  de Finca La Celia Reserva, Gala 4 (Luigi Bosca), Casa Montes Don Baltazar Reserva, Fin (de Bodega Fin del Mundo), Humberto Canale Gran Reserva, Angélica Zapata Alta, Doña Paula Series Alluvia y Andeluna Grand Reserve. Por el lado chileno sobresalen Hacedor de Mundos (Viña Gillmore), Chocalán Reserve, Oveja Negra (Vía Wines), Viña Morandé y Lomalarga Vineyards.

La potente Petit Verdot

La combinación de muchas horas de sol y un clima seco son dos condiciones ideales para obtener un buen Petit Verdot.

Por otro lado, ha comenzado a hacer carrera el Petit Verdot del Nuevo Mundo, otra de las variedades francesas incorporadas en las grandes etiquetas de Burdeos. Su origen no es claro, pero existe la teoría de que sus antecesores genéticos fueron llevados por las huestes romanas provenientes del más caliente Mediterráneo.

A la Petit Verdot le gusta el sol, dado que requiere de un ciclo de maduración largo para expresar su verdadero potencial. De las clásicas variedades de Burdeos, esta es quizás una de las más potentes, y, por esa razón, se la emplea para realzar uvas un tanto más ligeras, como la Merlot o, incluso, la misma Cabernet Sauvignon. Posee taninos fuertes y marcados, aporta intensos colores violeta y es exuberante en sus componentes especiados. En pocas palabras, contribuye a enriquecer la complejidad de cualquier copa. De manera que exige atención y cuidado antes de tratarla como único componente.

En Argentina apareció entre viñedos de Malbec, seguramente como resultado de las primeras plantaciones de cepas finas francesas, a mediados del siglo XVIII. Las primeras botellas hechas con Petit datan de mediados de la década de 2000, y uno de sus primeros exponentes fue bodega Finca La Anita.  Ahora forma parte del portafolio de casas como Ruca Malen, Tomero (de Carlos Pulenta), Fincas Rewen, Finca La Luz, Nina (de Bodega San Huberto), Casa Montes Don Baltazar, Alta Vista Los Escasos y Trumpeter Reserva.

Algunos Petit Verdot chilenos a destacar son Casa de la Ermita, Santa Carolina Barrica Selection, Casa Silva Gran Reserva y Viña Von Siebenthal Toknar.

Así es que no son pocas las oportunidades para salirse de la rutina. Déjese atrapar, entonces, por estos otros tintos, y disfrute el valor de la diversidad.

Póngale también su paladar a…

Viejas parras de Carignan, en Chile.

Algunos productores chilenos –todavía escasos – le han abierto sus brazos a la Carignan o Cariñena, una uva tinta originaria de Aragón, España, que luego fue llevada a Italia, Francia y América. Ha sido, como muchas otras cepas de menos pedigrí, una uva destinada a la mezcla. La planta es vigorosa y se la debe mantener bajo control para evitar una posible simplicidad. Pero cuando  se acotan sus niveles de producción, exhibe una gran hidalguía y entrega un buen potencial de color, aromas florales, acidez y taninos. El redescubrimiento del Carignan se le debe al enólogo Pablo Morandé, quien ha inspirado el trabajo de colegas suyos más jóvenes como Max Weilaub y Andrés Sánchez. Busque los Carignan de Morandé, Viña Gillmore, Canepa, Casas del Bosque, De Martino, Odfjell, Villalobos, Santa Carolina y Santa Ema.