Pont Pierre, en Burdeos

Burdeos es, simple y llanamente, es la estrella rutilante del panorama francés, aunque otros dirían que es Borgoña. Pero ese es tema para otra oportunidad.

La fama de Burdeos se ha prolongado por más de 2.000 años, desde cuando los emperadores romanos, cuyas fuerzas ocupaban entonces el territorio galo, catalogaron a los vinos bordeleses como los mejores de su tiempo. Y los más entendidos lo siguen siendo hoy. No hay lugar del planeta con tantos vinos memorables y, por supuesto, costosos.

Antes de adentrarme en la región de Burdeos conviene hablar de su posición en el mapa. La región está ubicada al suroeste de Francia, no muy lejos de la costa Atlántica. Esta proximidad al océano es determinante para el desarrollo de la vid y de la planta, pues aporta frescura en el verano y evita los fríos extremos del invierno. Para otras zonas vitícolas del mundo, próximas al mar, la salinidad en el ambiente y la fuerza de los vientos constituyen un serio problema, pero Burdeos cuenta con un muro infranqueable de protección proporcionado por el mayor bosque de pinos marítimos de Europa.

Un microclima único

El mapa del vino bordelés.

La geografía interior está dominada por tres importantes fuentes hídricas en forma de “y” invertida. El palo de la “y”, hacia el Norte, lo compone el estuario de la Gironda, formado por la unión del río Garona (proveniente de España), del lado izquierdo, y del mítico río Dordoña, en el flanco derecho. La presencia de esta gran masa de agua contribuye, también, a la estabilidad climática de la zona, y, a lo largo de los siglos, ha aportado las inconfundibles características de sus suelos.

Por ejemplo, en el área de influencia del río Garona y en la del estuario de la Gironda predomina la gravilla, lo que permite el cultivo de variedades robustas como la Cabernet Sauvignon, la Cabernet Franc y la Petit Verdot, mientras que en las márgenes del Dordoña abunda la arena, facilitando la plantación de variedades más suaves, como la Merlot. Esta situación se complementa con la acción del Sol sobre el terreno. En el caso de la gravilla, dicho material se calienta con facilidad, ofreciendo un apoyo importante para las variedades de ciclo largo de maduración. La arena, en cambio, no responde con la misma intensiadad a las altas temperaturas, y, por tal razón, resulta ideal para las cepas de ciclo corto.

Sin embargo, lo más importante a la hora de hincarle el diente a Burdeos (o a la mayoría de regiones del Viejo Mundo) es distinguir las áreas de producción. En esta breve introducción nos fijaremos en las principales puntos de origen, porque casi todas cuentan con numerosos distritos, y cada uno de ellos, a su vez, ha sido reconocido como denominación de origen calificada.

Las dos márgenes

La  margen derecha del Dordoña produce, por ejemplo, una serie de vinos de extremada delicadeza y suavidad, entre los cuales sobresale el Petrus, una de las marcas más célebres –y costosas—de Francia y del mundo. Su epicentro es Pomerol, quizás el santuario más respetado de la cepa Merlot. Otro nombre legendario es St Emilion, también asociado con la excelencia de esta variedad.

En la margen izquierda del estuario del Gironda están las subregiones de Médoc y Graves. Dentro del Médoc aparece un puñado de pequeñas denominaciones, entre las cuales destacan Margaux, Pauillac, St.-Estephe y St.-Julien. Más al sur está Sauternes, cuna de los vinos blancos dulces más famosos del mundo.

Entonces, la próxima vez que se encuentre con una carta de vinos generosa en etiquetas bordelesas cerciórese de las zonas o distritos de origen. Y no tema preguntar de cuál eje provienen: del izquierdo (con vinos más potentes y duraderos en el tiempo) o del derecho (caracterizado por vinos más suaves y elegantes). Es, por lo menos, una forma de comenzar a explorar la difícil geografía francesa, a la que puede dedicársele toda una vida y jamás terminar de estudiarla.

Los cinco grandes vinos de Burdeos

Las etiquetas del célebre Mouton Rothschild siempre exhibe la obra de un destacado artista contemporáneo.

Como si todo lo anterior fuera insuficiente, hay que familiarizarse con la clasificación interna de Burdeos para distinguir aquellos vinos de mayor prestancia y brillo. Esto no quiere decir que otros ejemplares no estén a la altura de las circunstanczias, pero la historia los dejó por fuera del listado.

La clasificación bordelesa se promulgó en 1855 y consiste en un ordenamiento de cinco niveles, que hace referencia a la importancia de los viñedos (o crus) dentro de la región. Los cinco tintos pertenecientes al primer nivel (o premier cru) están conformados por cuatro etiquetas del Médoc y una de Haut-Brion, en Graves. Ellos son:

Château Lafite Rothschild

Château Margaux

Château Latour

Château Haut-Brion

Château Mouton Rothschild

También es de tener en cuenta –aunque no forma parte del listado– la subregión de Sauternes, en Graves, recordada por sus vinos dulces blancos de intensa dulzura. Aquí, el principal productor es Château d’Yquem.

Las variedades de Burdeos

Los dos ejes de Burdeos se distinguen también por las variedades utilizadas para la elaboración de sus vinos. Si usted pide un vino de la región de Médoc, por ejemplo, se va a encontrar, seguramente, con una composición de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot y Malbec. En el caso del lado derecho, es decir, la zona adyacente al río Dordoña, el cepaje principal será el Merlot, con algo de Cabernet Franc, también conocida como Bouchet.