La historia de Beringer es, en gran parte, la historia del vino en California.

Con una tradición de más de 450 años, California es una de las zonas productoras de vino de mayor resonancia en el continente americano. Sus bodegas han liderado la transformación del mundo del vino contemporáneo a escala internacional y han sido ejemplo para otros productores de Australia, Argentina, Chile y Sudáfrica. Ya no se trata de pensar si vale la pena descubrir ese sugestivo territorio, sino de dar el paso, sin darle más espera al asunto. Y si a alguien le queda duda, baste recordar que las grandes etiquetas californianas han rivalizado, de igual a igual y en catas a ciegas, con los grandes vinos franceses e italianos del mundo.

Ahora bien: para que usted no deguste los vinos californianos fuera de contexto, me remontaré a algunos antecedentes históricos clave, a la espera de que le sirvan de algo.

La huella de los misioneros

Los misioneros dejaron una huella que aún perdura.

Los responsables de llevar el vino a California fueron los colonizadores y misioneros españoles, establecidos, inicialmente, en el estado mexicano de Baja California. Por aquella época, la vid llegó a América a bordo de los barcos ibéricos y se le trajo por dos razones fundamentales: para usarla como bebida hidratante (por aquella época no querían beber agua de cualquier manantial) y como símbolo supremo del rito católico. Para los españoles, el vino ocupaba un lugar central en su alimentación diaria, y, además, se le utilizaba como medicina y fuente energizante.

Desérticos valles quedaron convertidos, de la noche a la mañana, en hermosas plantaciones viníferas, donde dominaba una sola variedad: la uva Negra ibérica, que después recibió el nombre de Misiones, como reconocimiento al trabajo de los sacerdotes jesuitas y franciscanos que la difundieron. Esa misma variedad se plantó posteriormente en Perú (1536), Chile (1548) y Argentina (1561), tomando el nombre de uva País y Criolla, respectivamente.

La primera estación misionera del vino fue Nuestra Señora de Loreto, en Baja California. Desde allí, los clérigos, con fray Junípero de Serra a la cabeza, viajaron hacia el norte y propagaron las plantaciones en más de 20 monasterios distintos alrededor de las zona de San Diego y Sonoma.

El visionario

El conde húgaro Agoston Haraszthy fue uno de los más entusiastas impulsores del vino en California.

Hasta mediados del siglo XIX, la uva dominante fue, precisamente, la Misiones, pero, a partir de mediados del siglo XIX, comenzó a reemplazarse por uvas francesas y españolas. El principal responsable de este cambio fue el empresario Agoston Haraszthy, quien, junto con Silvestre Ochagavía, en Chile, y Tiburcio Benegas, en Argentina, fue uno de los mayores transformadores de la vitivinicultura en América.

Durante la Fiebre del Oro, también a mediados del siglo XIX, California registró una alta demanda y vivió su primera época de bonanza. De aquella época datan bodegas como Buena Vista, Charles Krug, Inglenook y Schramsberg.

Pero no todo ha sido color de rosa. En su largo recorrido, la historia del vino en California también se ha enfrentado a temibles enemigo. Uno de ellos ha sido la filosxera, enfermedad que llegó importada de Europa hacia finales de 1860, y que arruinó cientos de miles de hectáreas en el mundo; el otro fue la era de la Prohibición, a comienzos de la década de 1930, cuando el gobierno federal introdujo medidas para controlar el consumo y la producción de bebidas alcohólicas en Estados Unidos.

Superados estos dos obstáculos, la producción californiana volvió a tomar fuerza y a echar sólidas raíces a partir de mediados del siglo XX. Hoy, la región es responsable del 90 por ciento de la producción de vinos en Estados Unidos. Es más: en dos oportunidades –1976 y 2006–, los vinos californianos superaron a los europeos en catas a ciegas, celebradas en París. Por eso, nadie duda que California es una de las regiones más prósperas e influyentes del globo. Incluso, el campus educativo de Davis, perteneciente a la Universidad de California, es uno de los centros académicos y de investigación enológica más importantes a escala mundial.

En Latinoamérica, lamentablemente, no hay abundancia de marcas californianas en el mercado, en parte debido al desconocimiento de esa zona vitivinícola. Otro obstáculo ha sido la existencia de costosos aranceles de ingreso. Claro está que no todas las etiquetas californianas disponibles dejan una honda huella, pero aquí les entrego los nombres de algunas marcas para ponernos en sintonía. La invitación es, pues, a probar vinos californianos y a familiarizarnos con uno de los polos más interesantes e innovadores del vino en el mundo.

Grandes vinos de California

Entre los vinos californianos más aclamados de todos los tiempos figuran las siguientes marcas (todas ellas calificadas por encima de 90 puntos por la crítica):

Beaulieu, Beringer, Clos du Val, Colgin, David Arthur, Diamond Creek, Harlan Estate, Inglenook, Joseph Phelps, Kongsgaard, Kosta Browne, Lewis, Marcassin, Opus One, Paul Hobbs, Peter Michael, Quintessa, Saint Francis, Stag’s Leap, Robert Monadavi y Staglin.

Las principales variedades californianas

Las zonas de elaboración más conocidas de California son: Napa, Sonoma, Carneros y Santa Bárbara. Entre las variedades de uva, sobresalen las siguientes:

Tintas: La más representativa es la Zinfandel. Pero California también planta otras uvas tintas como Cabernet Sauvignon, Cabernet Francia, Merlot, Syrah, Petit Syrah y Pinot Noir.

Blancas: Chardonnay, Chenin Blanc, Gewürztraminer, Pinot Gris, Riesling y Sauvignon Blanc