Miles Raymon y Jack Cole, en su recorrido por las bodegas de Santa Bárbara.

A mediados de 2004, un par de semanas después de haber visto la película Sideways (traducida al español como Entre Copas), me sentí obligado a salir en defensa del Merlot, la noble variedad francesa que Miles Raymond, el personaje central de la película, ataca sin clemencia cuando su amigo, Jack Cole, lo invita a compartir copas con un par de nuevas amigas, durante el viaje que ambos emprenden por los viñedos de Santa Bárbara, California, como parte de la despedida de soltero de Jack, que está a punto de casarse. Justo en la puerta del establecimiento, Miles se niega a entrar al local y suelta estas palabras lapidarias: “Si alguien pide Merlot, me marcho. I am not drinking any fucking Merlot” (la traducción es innecesaria).

Si pensábamos que el cine era sólo para entretenernos, estábamos equivocados. En los meses subsiguientes, las ventas de Merlot entraron en rápido declive, primero en Estados Unidos y, luego, en el resto del mundo. Como era previsible, los viñateros descontinuaron su producción y algunos se entregaron a reemplazar las plantaciones con esquejes y sarmientos de Pinot Noir, variedad a la que Miles dedica un conmovedor y brillante soliloquio. Y también, como era de esperarse, la popularidad del Pinot Noir se trepó a las nubes.

Una cepa con historia

Desde ese momento, los productores tradicionales de Merlot emprendieron una intensa campaña para rescatar la imagen del Merlot, que, infortunadamente, no ha producido, aún, los resultados esperados. Pero el contraataque continúa. Es justo preguntar, entonces, ¿cuál es el futuro del Merlot?.

Antes de lanzarnos a la aventura, sin embargo, es justo devolver el carrete unos tres siglos atrás para pasar revista a la que ha sido la cepa de inicio de muchos consumidores. La delicadeza, suavidad y sedosidad de sus vinos generan una respuesta positiva en el paladar y enganchan de inmediato (aunque debe reconocerse que, en su afán de obtener rápidos resultados comerciales, muchos productores han llegado a embotellar Merlot insípidos y desabridos, situación que, obviamente, no ayuda a la causa).

Investigaciones realizadas en Europa y América indican que la uva Merlot es originaria del sudoeste de Francia y que muy posiblemente tiene parentesco con otras cepas bordelesas como Carménère, Cabernet Franc e, incluso, Cabernet Sauvignon.

Al parecer, el intenso color negrusco de su hollejo llevó a que se le denominara Merlot, que, traducido del occitano (lengua romance europea) al español, significa “pequeño pájaro negro”. Algunos registros históricas ya la reconocían como tal en documentos de finales del siglo XVIII. Otros aseguran que el nombre obedece a que dicha uva era la favorita de la especie avícola merle.

Todos los caminos llevan a Pomerol

Su principal zona de producción, en Francia, es Pomerol, comuna localizada en la ribera derecha del río Gironde. Allí, los vinos contienen Merlot en la casi totalidad de su contenido. En la vecina población de St. Emilion, el Merlot también es mayoritaria, pero se mezcla con Cabernet Franc y algo de Cabernet Sauvignon. En la rivera izquierda del Gironde, especialmente en el Médoc, el componente de Merlot se reduce, cediendo paso a la Cabernet Sauvignon, considerada la reina de las tintas.

El Merlot es el alma, por ejemplo, de Château Pétrus, uno de los más grandes vinos tintos de la historia. Château Le Pin también es fiel representante de lo que el Merlot puede llegar a alcanzar. En Italia, la región de la Toscana ha sobresalido, igualmente, con vinos de este cepaje. Finalmente, zonas vitivinícolas como California, Chile y Argentina, en el Nuevo Mundo, también han producido algunos Merlot memorables.

Pese a la dificultad con la que el Merlot ha tropezado para retomar su lugar en el mundo del vino, algunos de sus más aguerridos defensores se embarcaron en una nueva película tipo documental, que comienza a presentarse en numerosas salas de cine internacionales. Titulada Merlove, la cinta busca educar al público consumidor sobre los atributos del Merlot, propagando, de paso, el concepto de que no hay variedades inferiores ni superiores. “Queremos que la gente vuelva a enamorarse del Merlot”, dicen sus productores.

En paralelo, muchos aficionados han conformado grupos de Amantes del Merlot, participando en viajes a las zonas vitivinícolas donde la variedad muestra sus más altos signos de nobleza.

Aromas, sabores y gastronomía

Algunos descriptores aromáticos del Merlot son ciruela, mora, cereza y grosella. Cuando el vino se añeja en barricas de roble presenta asociaciones a vainilla, café, chocolate negro, humo y tabaco. Las asociaciones más típicas, según el tipo de suelo donde están plantados los viñedos, hacen referencia a grafito y trufas.

El rango de posibilidades del Merlot en la gastronomía es amplio. Combina bien con carnes de cerdo, pollo y cordero, así como pizzas, pastas con salsa de tomate y  arroces. Sin embargo, no se lleva bien con mariscos ni pescados.

Vinos Merlot para tener en cuenta

La región de Pomerol, en Francia, es reconocida por ser el lugar de origen de los mejores Merlot del mundo. Pero otros países no se dejan opacar.

Francia: Château Pétrus, Château Le Pin, La Grave à Pomerol, Latour à Pomerol,

Château Trotanoy.

Italia, Toscana: San Giusto a Rentennano, Marchesi de Frescobaldi, Querceto di Castellina.

California: Duckhorn, Beringer, Keenan, Cafaro, Château St. Jean, Pride Mountain Vineyards.

Chile: Viña Cono Sur, Viña Carmen, Cousiño Macul Antiguas Reservas, Santa Ema Reserva, Tres Palacios Reserva, Marqués de Casa Concha,  Terranoble Gran Reserva, Casablanca Colección Privada, Casa Lapostolle, Montes Alpha Merlot.

Argentina: Benegas Finca Libertad, Norton Reserva, Finca La Anita, Viña Cobos, Failia Rutini, Bodega Chacra, Fabré Montmayou, Finca Flichman, Salentein Reserva, Andeluna Reserva, Humberto Canale Estate, Familia Schroeder.