Juan Carlos Mosca, enólogo de Bodegas Etchart, analiza un lote de distintas variedades y cosechas.

Una de las informaciones más apreciadas por los coleccionistas de vinos y, sin duda, por los consumidores más apasionados es lo que se conoce en los principales idiomas con los nombres de cosecha o vendimia (español) vintage (inglés), millésime (francés), annata o vendemmia (italiano) y colheita o vindima (portugués), entre otros. Al final, todas conducen a lo mismo: conocer, entender y calificar los frutos cosechados, así como la subsecuente etapa de convertir los frutos en vinos de distintas calidades y complejidades.

Por lo general, existe un acuerdo tácito de que una cosecha o vendimia se refiere a las cepas recogidas en un año específico. Pero también es cierto que, según la casa productora, los enólogos pueden mezclar los vinos de un año con los de otro (u otros). Pero, claro, eso es asunto de otro barril.

Entender qué ocurrió en la viña, desde el punto de vista del clima, en un periodo de tiempo determinado, permite, ante todo, tomar decisiones acertadas sobre qué vinos comprar, cuáles guardar o envejecer, y cuántos abrir a la más pronta conveniencia, independientemente de la marca o del país de origen.

Sólo para apreciar los embrollos derivados del comportamiento de la naturaleza y de su impacto en el mundo del vino vale la pena poner de presente un par de escenarios posibles.

Las estaciones y el viñedo

Puede darse el caso, por ejemplo, de una temporada estival calurosa, que, al generar uvas más maduras, conduce a la elaboración de vinos más jugosos y armónicos, es decir, más fáciles de tomar. Por otro lado, puede presentarse la situación de un año con alta nubosidad y baja insolación. En estas circunstancias, la maduración será incompleta y las uvas terminarán teniendo insuficiente azúcar , y los vinos, inferiores niveles de alcohol, afectando, así, la calidad general de la bebida.

En el primer caso hablamos de una buena vendimia; en el segundo, de una exigua. Por tal razón, específicamente en los países del Viejo Mundo, la información sobre cualquier cosecha –expresada en la etiqueta con una referencia al año de vinificación– resulta esencial para el negocio y para la comercialización de los productos.

En el Nuevo Mundo, en cambio, la situación es diferente. Su climatología tiende a ser más estable y previsible. Países como Australia, Argentina y Chile, donde no se presentan variaciones climatológicas sorpresivas en las épocas claves de maduración, las cosechas son uniformes. Y si bien es cierto que no necesitan hacer referencia específica a los años de cosecha, los productores se ven obligados a incluir esos datos por una simple exigencia del mercado. Hay que reconocer, no obstante, que, esporádicamente, llegan a estos territorios coletazos de desórdenes climáticos que también terminan trasladándose a los vinos.

Buenas y malas vendimias

La información sobre las buenas o malas cosechas ha tomado fuerza en los últimos 50 años y se ha convertido en una herramienta para subir o bajar la percepción de valor de un vino. Una buena añada eleva los precios de los vinos beneficiados. Por contraste, una mala vendimia crea el efecto contrario. A esto debe agregarse otro factor adicional. Y es que los vinos de buenas añadas poseen las condiciones para continuar su evolución en barricas de roble, lo que, a su vez, contribuye a incrementar aún más su valor.

Todo lo anterior explica por qué algunas célebres casas productoras deciden no sacar sus mejores etiquetas en las malas añadas por considerar que carecen de la calidad esperada de sus marcas.

Hay que reconocer, sin embargo, que los temas de las vendimias y las calificaciones que las acompañan  han sido objeto de fuertes enfrentamientos entre la corriente de expertos que defiende su validez y la de aquellos que las consideran inservibles o engañosas.

Para estos últimos, la actual tecnología vitivinícola permite corregir y potenciar bondades, hasta el punto de lograr “excelentes cosechas” de malos años. Es cierto. Pero también es un hecho que el mercado sigue prestándole atención tanto a las añadas excelentes como a las defectuosas, porque, en función de esa realidad, paga más o menos por los vinos.

Me hubiera gustado reproducir alguna de las tablas de añadas que están disponibles en la actualidad. Pero la información es tan extensa y, en ocasiones tan detallada, que no habría espacio para ir en detalle. Más bien, si alguien quiere conocer las evaluaciones de las cosechas y apreciar las condiciones climáticas en que se dieron puede consultar algunas de los siguientes portales o vínculos:

VINOS DEL MUNDO

http://www.vintages.com/circular/vintage-chart.html

http://www.erobertparker.com/info/vintagechart.pdf

http://www.bbr.com/vintage-chart

http://www.decanter.com/wine-learning/vintage-guides/

http://www.winespectator.com/vintagecharts/search

http://www.vinoteca.com/portal/wine/anadasTables.wine

VINOS ESPAÑOLES SOLAMENTE

http://www.elcorteingles.es/vinos/anadas/anadas.asp